Desde comienzos del siglo XIX, vinculado sobre todo a la caída del monopolio español, se va produciendo, en nuestras tierras, un cambio en los patrones de consumo. Comienzan a llegar más frecuentemente y en mayor volumen – antes la vía era sólo el contrabando- bienes producidos en aquellos países que llevaban adelante la primera revolución industrial, centrada en la industria textil. Esto significó el abandono paulatino del "hispanismo" y su reemplazo por estilos ingleses y franceses. La tendencia se va a mantener y profundizar a lo largo de la centuria, comprendiendo la moda de la década de 1850 en que se elabora nuestra Constitución Nacional.
































