Una pena se me adhirió mientras escuchaba un tango. Se me incrustó en el oído. Me di cuenta de que estaba ahí porque empecé a sentirme aturdido. ¡No, no es un tapón de cera! Es un tapón de quejas de bandoneón ronco; de zorzales criollos gangosos; de Malenas descoladas y descaderadas; de Mirellas en muletas y sin muelas. No estoy sordo. Escucho distorsionado. ¿Se entiende? Por ejemplo: si alguien me dice "Hola", yo entiendo "¡Adiós, Nonino!"; si uno quiere irse, yo supongo que me insinúa "volver"; si otro me indica el norte, presumo que señala al "sur, paredón y después"; o si un fulano me invita "el último café", presumo que se refiere "a la última curda" y, por eso, "tomo y obligo" para quitarme esta congoja que me abomba el corazón.





































