Ser llamado "estoico" es algo que muchos escuchan, pero... ¿qué quiere decir realmente? En el uso cotidiano, ser estoico suele describir a una persona que afronta las dificultades con calma, sin quejarse y sin mostrar alteraciones emocionales evidentes.
De hecho, el diccionario de la RAE define estoico como alguien "fuerte, ecuánime ante la desgracia". Sin embargo, detrás de esa palabra hay una antigua filosofía del estoicismo con principios profundos. A continuación exploramos el origen de esta filosofía, sus fundamentos, cómo se manifiesta en costumbres diarias y por qué adoptar -o no- una actitud estoica en la vida moderna.
Significado moderno de "ser estoico"
En la actualidad, se califica de "estoica" a una persona que mantiene la compostura ante situaciones adversas, indiferente al placer o al dolor extremos. Popularmente se piensa que ser estoico implica aguantar el sufrimiento sin quejas y con semblante sereno.
No en vano el diccionario Oxford describe a alguien estoico como quien "sufre dolor o problemas sin quejarse ni mostrar lo que siente". Ahora bien,... ¿equivale esto a no tener emociones? Muchos tienen la idea errónea de que el estoicismo consiste en reprimir los sentimientos o volverse insensible, pero esto es un mito.
Expertos señalan que "muchos piensan que el estoicismo trata de reprimir emociones o soportar dolor, pero se trata de aprender a vivir bien y en paz". En realidad, un verdadero estoico siente las emociones, solo que procura no dejarse dominar por ellas.
La doctrina estoica original enseña a guiarse por la razón y a controlar nuestra actitud frente a lo que sucede, en lugar de intentar controlar directamente acontecimientos externos que no dependen de nosotros. Como resumen, ser estoico no significa ser de piedra: significa mantener el equilibrio emocional y la claridad incluso en medio del caos o la dificultad.
El estoicismo: origen y fundamentos
Para comprender plenamente qué implica "ser estoico", conviene conocer el origen del estoicismo como filosofía. Esta escuela filosófica nació en la Antigua Grecia, a principios del Siglo III a.C., fundada por Zenón de Citio en Atenas.
Su nombre proviene del "Stoa Poikile" (pórtico pintado), donde Zenón enseñaba, un lugar público junto al Ágora ateniense. Posteriormente, el estoicismo floreció en Roma gracias a pensadores como Séneca, Epicteto y el emperador Marco Aurelio, cuyas obras difundieron y ejemplificaron los ideales estoicos.
Los estoicos clásicos perseguían un objetivo principal: alcanzar la felicidad verdadera o "eudaimonía" mediante una vida virtuosa y serena. Para ellos, la virtud (areté) era el bien supremo y se expresa en cuatro valores cardinales: sabiduría, justicia, coraje y disciplina.
Junto a la virtud, valoraban la tranquilidad mental (ataraxia), entendida como una paz interior que nace de controlar las propias reacciones y deseos. Según el pensamiento estoico, las perturbaciones no provienen tanto de las cosas que nos ocurren, sino de la interpretación que hacemos de ellas.
Por ello Epicteto, uno de los grandes estoicos, enseñaba que "a las personas no las perturban los eventos, sino las opiniones que tienen acerca de los eventos", invitándonos a cuestionar nuestras percepciones antes de dejarnos llevar por ellas.
Otro pilar fundamental del estoicismo es la llamada dicotomía del control. Los estoicos distinguen entre lo que depende de nosotros (nuestras acciones, juicios, decisiones) y lo que no depende (las circunstancias externas, la opinión ajena, la suerte). Nuestra energía debe dirigirse solo a lo que podemos influir, aceptando con serenidad aquello que escapa a nuestro control.
Esta actitud de aceptación no es resignación pasiva, sino realismo activo: se trata de cooperar con la realidad, enfocándonos en nuestra respuesta en vez de lamentar lo inevitable.
En resumen, el estoicismo filosófico propone vivir con virtud y conforme a la razón, manteniendo la tranquilidad interior ante la adversidad. Sus enseñanzas atemporales ponen énfasis en la autodisciplina emocional, la claridad de principios y la aceptación de la realidad tal cual es.
Principios clave del estoicismo
A partir de sus fundamentos, el estoicismo ofrece principios prácticos para guiar la vida diaria. Algunos de los más importantes son:
- Distinguir lo que puedes controlar de lo que no: Enfoca tu atención en las acciones y actitudes que sí dependen de ti, y deja de preocuparte por aquello externo que escapa a tu influencia. Por ejemplo, no puedes evitar un día de lluvia, pero sí controlar tu reacción ante él.
- Aceptar la realidad tal como es: Practica la aceptación serena de las circunstancias externas, por difíciles que sean, en lugar de resistirte a ellas inútilmente. Esta aceptación estoica permite liberar mucha frustración, miedo y ansiedad generados por expectativas irreales.
- Vivir con virtud y coherencia: orienta tus acciones según valores éticos firmes; busca la sabiduría, actúa con justicia, ten coraje ante los retos y sé disciplinado en tus hábitos. Los estoicos creían que la felicidad proviene de tener un carácter virtuoso, es decir, de hacer lo correcto consistentemente, incluso cuando nadie te ve.
- Regular las emociones con la razón: no se trata de no sentir, sino de no ser esclavo de tus reacciones emocionales. Ante una emoción negativa -ira, miedo, envidia-, el estoico la observa, la cuestiona y busca comprenderla antes de actuar. Mediante este proceso de reflexión, transforma esa reacción impulsiva en una respuesta racional más saludable. Al mismo tiempo, cultiva emociones positivas -alegría, gratitud- y evita dejarse llevar por pasiones destructivas.
- Buscar la tranquilidad (ataraxia): el ideal estoico es alcanzar una mente serena, libre de agitación ante los vaivenes externos. Para ello, uno aprende a mantener la calma en la adversidad, recordando que las emociones intensas son pasajeras y que manteniendo la ecuanimidad es más fácil actuar con sabiduría.
Esta tranquilidad no implica apatía, sino fortaleza emocional: como resumía un autor estoico moderno, "deja de ser esclavo de tus emociones", recupera tu libertad interior.
Estos principios, aplicados conjuntamente, conducen a ese ideal de vivir "bien y en paz" que mencionan los expertos. Cabe destacar que el estoicismo no promueve reprimir las emociones, sino entenderlas y gestionarlas adecuadamente.
¡Al contrario de lo que muchos creen, un estoico puede experimentar alegría o dolor, pero mantiene el dominio sobre sus impulsos para no perder la compostura ni los valores en ninguna situación!