La historia de los inicios de la participación política de Patricia Bullrich mereció una mención introductoria en nuestra anterior entrega, justamente como ejemplo de los vaivenes de nuestra dirigencia política y el "vaciamiento" ideológico de los partidos políticos.
Crisis de representación política y pérdida de identidad de los partidos políticos (Parte III)
El recorrido de Patricia Bullrich refleja cómo el poder político en Argentina se adapta a conveniencias, dejando atrás ideologías y principios firmes. Su trayectoria ilustra la crisis ideológica en nuestro país, donde el llamado "pragmatismo" ha prevalecido sobre las convicciones partidarias.

Patricia fue candidata a diputada nacional en las elecciones legislativas de 1993 por la Lista 2, "Vote para adelante", en el marco de la gestión neoliberal de Carlos Saúl Menem al frente de las presidencias del país y del Partido Justicialista. Entre ese año y 1997 ejerció la función legislativa en la Cámara Baja.

Pocos años más tarde, durante el gobierno neoliberal de la Alianza, la presidencia de la Nación la ejerció Fernando de la Rúa y Bullrich se desempeñó por un breve periodo como ministra de Seguridad Social (2001), siendo una de las impulsoras del recorte del 13% a las jubilaciones y a los trabajadores estatales, bajo la llamada "ley de déficit cero".
Mucho después, durante la gestión neoliberal del PRO-Cambiemos y con Mauricio Macri como presidente (2015-2019), Bullrich se desempeñará como ministra de Seguridad de muy alto perfil.
Finalmente, bajo la presidencia del autodenominado anarco-capitalista Javier Milei y formando parte del plan de ajuste al estilo "motosierra", Patricia –que había sido candidata al máximo cargo- asumió un rol más que importante como ministra de Seguridad (2023-2025), para luego lograr en las urnas pasar a desempeñarse como senadora de la Nación por CABA.
Ante semejante periplo, un analista desprevenido o desatento podría preguntarse, entre otras cosas:

¿Cómo puede un cuadro político formado en la JP en los años setenta y cercano a Montoneros -Bullrich era cuñada de Rodolfo Galimberti, uno de sus principales jefes militares- haber sido posteriormente menemista, delarruista, macrista y mileista, y ser -en la actualidad- uno de los máximos referentes de la política nacional?
Una respuesta posible podría encontrarse en una de las máximas o postulados de Nicolás Maquiavelo, quien en su obra "El príncipe" sostiene que el poder tiene su propia lógica y no repara en medios éticos ni lícitos para su obtención, conservación y acrecentamiento. Las ideologías se convierten así en relatos de legitimación del poder.
Tomamos como ejemplo del vaciamiento ideológico en Argentina a Patricia Bullrich, en realidad pero na sido muchos los políticos que cambiaron y cambian de partido político "como de pañuelo".
Sin ir más lejos el propio Menem, que fue un abogado laboralista de sindicatos en sus inicios, luego gobernador peronista de La Rioja y caudillo líder del justicialismo, para terminar abrazando la causa liberal ya en el poder mediante el acuerdo PJ-Ucedé.
Néstor Kirchner presenta otro caso, al haber respaldado la privatización de YPF en tiempos del justicialismo menemista (cuando era gobernador de Santa Cruz) y ya presidente -como líder del Frente para la Victoria-, propiciar la estatización de empresas públicas y la defensa de los derechos humanos.
También Daniel Scioli mostró sus vaivenes: primero menemista (privatización Aerolíneas Argentinas), luego kirchnerista (reestatización de Aerolíneas Argentina como línea de bandera con "cielos regulados") y finalmente mileista (privatización y política de "cielos abiertos").

Sergio Massa (Ucedé-UPAU, Frente Renovador, kirchnerista), Carlos Heller (de joven comunista y cooperativista, de grande kirchnerista), Leopoldo Moreau (UCR, kirchnerismoa), o Alberto Fernandez (UCR-Alfonsinista, menemista, cavallista, kirchnerista, "albertista"), componen otros ejemplos a considerar.
Evidentemente Argentina sufre una crisis sistémica política, económica y social que ha dado lugar a la figura emergente outsider de Javier Milei, que ha incluido en el relato neoliberal términos como:
"Motosierra", "casta", "ajuste", o frases como "baja de la inflación", "reducción de impuestos", "importaciones para lograr bajar los precios" (noción -esta última- que encubre la destrucción de la industria y del trabajo nacional), "la teoría subjetiva del valor", "el anarco-capitalismo", etc.
El liberalismo de Milei también es ideológico. Es una ideología que bajo el supuesto beneficio de los derechos de los ciudadanos-consumidores beneficia a las grandes corporaciones económicas, legitimando una tasa de concentración de capital sin precedentes.
Así, bajo el argumento de bajar impuestos, en realidad solo se reduce a las grandes empresas, castigando con el de "ganancias" a los trabajadores.
La crisis política de representatividad, derivó en el vaciamiento ideológico de los partidos y frentes políticos, creciendo paralelamente la conveniencia individual como criterio de ascenso y permanencia en el poder. Los Montoneros, en el testimonio de Mario Firmenich, plantearon que "el poder se construye en la boca del fusil".

¿Cómo pudo Patricia Bullrich pasar de esta lógica de violencia armada contra el Estado a tener el grado de ministra de Seguridad y conducir las fuerzas internas del Estado para disciplinar la protesta social?
No olvidemos que en el desempeño de dicho cargo, Bullrich se animó a crear un Protocolo Antipiquetes. El piquete, el corte de rutas o de calles muchas veces han sido las únicas herramientas de la protesta social, o la de un movimiento obrero diezmado por décadas de malas políticas nacionales, que generan desocupados que como es lógico se juntan para reclamar.
Si los obreros tuvieran trabajo formal, tienen como medio de acción gremial garantizado constitucionalmente la huelga (o el paro, que es el concepto coloquial utilizado muchas veces), que cuenta con la protección literal de la Constitución Nacional en el artículo 14 bis.
Lo peor de todo, la corrupción
El presidente Javier Milei es un emergente de la crisis de representatividad de los partidos políticos y frentes electorales tradicionales. Por eso no sorprende que en estos momentos la política nacional nos ofrezca un triste espectáculo, donde se "tiran" con los casos de corrupción entre los distintos segmentos políticos… y así estamos.
De un lado, están cuestiones como la de la criptomoneda $Libra y el llamado "narco-candidato" José Luis Espert; las inconsistencias graves de los viajes en avión público a Estados Unidos de parte de Manuel Adorni (con la inclusión de su esposa en la comitiva oficial, sin función oficial alguna), o del mismísimo Jefe de Gabinete de Milei en vuelos privados de confusa explicación a Punta del Este; o el caso de Diego Spagnuolo y supuestas coimas en medicamentos.
Del otro lado, causas ya "históricas" acumuladas, dentro de la denominada "Ruta del Dinero K": Vialidad-Santa Cruz, Bolsos de López, Rosadita, Cuadernos, Sueños Compartidos, más situaciones como el affaire de Martín Insaurralde, fotografiado en el yate "Bandido" en Marbella en 2023 por la "acompañante de viajes" Sofía Clerici.
La propuesta
Para lograr recuperar la credibilidad política, se requiere que los partidos o frentes político-electorales sostengan su identidad política como parte de su oferta electoral y a partir de un Plan de Gestión de Gobierno que involucre las diversas áreas: salud, educación, seguridad, economía-producción, trabajo, comercio, impuestos, seguridad social, vivienda, obras públicas y demás.
Este Plan de Gestión de Gobierno deberá ser cumplido en caso de ganarse las elecciones, priorizando los intereses nacionales, en el marco de un nuevo Acuerdo Nacional, que supere la grieta en sus diversas manifestaciones históricas:
Unitarios y federales; conservadores y radicales; peronistas y anti-peronistas, etc.), que se actualiza entre libertarios y populistas, en el marco de una paradójica aplicación de la lógica de construcción de poder sostenida por Ernesto Laclau en "La razón populista". Sobre este punto volveremos en una próxima entrega.













