Aunque el caso de este chico es extremo, no nos es del todo ajeno. Permite ver cómo hay quienes chocan sin remedio contra lo administrativo, contra lo legal, contra lo burocrático, y cómo este choque compromete la salud, tanto individual como colectiva. Y también permite ver cómo la colaboración individual puede aportar la solución que otros no quieren aportar. El caso es real.
Aquel chico saharaui
La enfermedad determina la vida del enfermo y de su familia, e incluso más allá, y este caso es un ejemplo para pensar cómo lo administrativo puede agravar la enfermedad mientras pocos asumen responsabilidad.

Brahim es un adolescente saharaui. Los saharauis son hoy un pueblo nómada que por la fuerza fue despojado de su territorio, que es una parte del desierto del Sáhara, hoy ocupado ilegalmente por Marruecos. Antes, esa parte del desierto estuvo ocupada por España.
Privados de su territorio, los saharauis, que toman su nombre precisamente del Sáhara, son así un pueblo nómada, y apátrida. Algunos países reconocen el pueblo saharaui como un Estado soberano, pero no es el caso de España, que no los reconoce ni por tanto les acepta el pasaporte, etc.

Un día de abril, Brahim, de 15 años, y su madre fueron a un puesto de salud porque al chico le habían aparecido dos pequeños bultos, móviles e indoloros, en el cuello. Antes el más activo de cinco hermanos, ahora estaba apático y sin apetito. Un médico lo revisó, consideró que podría tratarse de un cuadro infeccioso, indicó una medicación y convidó el paciente a volver si no mejoraba.
La vida en los campamentos saharauis está ahora más dura que antes, cuando ya era dura, a causa de los recortes en la ayuda internacional, sobre todo de Estados Unidos. Esta ayuda mejoraba mucho los ya de por sí pobres recursos sanitarios de los campamentos, que son aún más precarios que otros muchos puestos sanitarios rurales del norte de África.
Se ha calculado que el beneficio que obtiene Marruecos de la explotación de los recursos del territorio usurpado al pueblo saharaui alcanzaría para ofrecerles una sanidad de buena calidad para todos. Dos meses después, Brahim y su madre volvieron al puesto de salud.
Un profesional confirmó lo que era evidente, que el paciente estaba peor, tanto por su estado general como por el tamaño de los bultos que tenía en el cuello. Dado que en ese puesto no había más recursos, el médico les propuso viajar hasta el hospital de la localidad de Tindouf, Argelia, a 35 kilómetros de distancia. Hacia allá fueron.
En ese hospital le hicieron estudios para descartar tuberculosis y tomaron muestras para biopsia de las lesiones del cuello. El resultado de la biopsia, para llegar a un diagnóstico, tardaría dos meses y para dos meses después citaron entonces al paciente.
Todos los veranos, una organización española (*) consigue excepciones legales y administrativas para que un numeroso grupo de chicos y chicas saharauis, de unos 10 a 12 años, pasen dos meses de vacaciones en España, y así además dejan vínculos establecidos. Era el caso de Brahim, tres años antes, que había estado con una familia de la provincia de Murcia.
Esta organización también consigue que los huéspedes saharauis tengan, a todos los efectos y sin limitación alguna, acceso a la sanidad pública española. Este sistema sanitario, de amplia cobertura, es el de la mayoría de los españoles. Estando en Murcia, Brahim recibió controles de salud y en ellos se vió que, aparte de una anemia crónica, habitual entre los saharauis, estaba bien.

Los chicos saharauis se parecen a muchos chicos de Santa Fe. Son de un moreno particular, más bien menudos y de pelo y ojos oscuros. Aún en medio de la adversidad, son de jugar y divertirse, y son de risa fácil. Estos y aquellos suelen tener similares problemas de salud, que requieren similares soluciones, que aquí más o menos están, pero allá no tanto.
Tal lo previsto, a los dos meses volvieron al hospital de Tindouf para conocer el resultado de la biopsia de los bultos del cuello. Brahim no mejoraba, ni mejoraban sus tumores del cuello, y seguía que no quería comer, apático y con dolores de cabeza. El diagnóstico de la biopsia no dejó lugar a dudas: cáncer.
Los bultos del cuello eran metástasis de una forma agresiva de cáncer que se había originado en aquella zona que une el fondo de la nariz con el fondo de la boca. Pero en ese hospital no podían hacer tratamiento, sino que el paciente debía desplazarse hasta un centro de oncología, en Argel, capital de Argelia, a unos 1.500 kilómetros. Esto ya era imposible para la familia de Brahim.
Ante las colosales barreras que impone la pobreza, muros altos que levanta el mediocre que se cree superior, la alternativa ya no era lo establecido, que no considera a ciertas personas, sino el contacto personal, la ayuda individual. Llamaron por teléfono a la familia que tres años antes había acogido como huésped de verano al niño Brahim, entonces de 12 años.
(*) Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui. https://amistadsaharaui.org
Para que se sepa
Para viajar a España a fin de recibir tratamiento a cargo de la sanidad pública, Brahim y su madre necesitaban un visado especial. Pero todo lo administrativo, legal y burocrático se convierte en un muro cruel, difícil de salvar, para quien no tiene dinero, cultura y ni tan sólo una nacionalidad. El papeleo, con demasiada frecuencia, abusa impune de las personas.
El papeleo del visado tardó bastante en llegar, y solo autorizaba a viajar a Brahim. La visa de la madre fue denegada, Brahim viajó solo, con pasaporte de Argelia. Lo estaban esperando y tan pronto como fue posible recibió tratamiento en un centro público de oncología infanto-juvenil de Madrid. El paciente entonces mejoró.
El caso de este chico con cáncer y sin recursos ha sido publicado al más alto nivel para que el mundo sepa, y piense, y si quiere se mire a sí mismo (1). Incluyendo una profunda reflexión y una propuesta, lo publica un grupo de siete profesionales encabezados por el doctor Mohamed Salem Laroussi, del sistema de salud de Argelia y a la vez profesor de la Universidad de Murcia.
La publicación no dice cómo continuó la evolución de Brahim, y me temí lo peor. Para saber qué pasó, cómo está, o si murió finalmente, le escribí un mail al doctor Laroussi. Además le avisaba que comentaría el caso en la prensa, y le solicitaba fotos de la realidad infantil en los campamentos saharauis.
No habían pasado ni tres horas y ya tenía en mi correo su respuesta, detallada y amable, y generosa. Brahim continúa el tratamiento contra el cáncer, y en ese momento estaba entre un ciclo y otro. Pero sabemos que esto no es garantía de curación, ni siquiera de supervivencia, sino que tan sólo es, y esto no es poco, la puerta de la esperanza que continúa abierta.
El profesor Laroussi me manda varias fotos sobre la infancia saharaui: escenas de juegos en un ambiente de desierto, un grupo de escolares entrando a una escuela, etc. En las fotos se ve alegría infantil en medio de la adversidad, pero también se ve que medio mundo no los reconoce como nación, como pueblo, como personas.
(1) "Statelessness: a boy with neck lumps and lethargy in a Sahrawi refugee camp in Algeria". Lancet, 8 de agosto de 2026.












