La magnitud de la desgracia venezolana se hizo aún peor porque las instituciones estaban hundidas en la desidia y el abandono, y esta negligencia se demostró criminal. Las vacunas son un ejemplo de este abandono, pero me temo que guardan similitud, aunque distancia también, con el caso argentino. Tenemos que aprovechar para aprender ahora, y luego mejorar, antes de que venga El Niño.
Para cuando venga El Niño
Entre los preparativos para atenuar los efectos de una posible inundación relacionada con El Niño, hay que incluir las vacunas para todos los bebés, chicos, adolescentes y adultos, porque un brote infeccioso agravaría la situación.

Desde antes del terremoto se sabe que los porcentajes de vacunación infantil y de adultos en Venezuela son insuficientes, quedan bastante por debajo del porcentaje que se recomienda. En Argentina también están por debajo de lo recomendado. Allá se denunció falta de vacunas, y acá también. Allá había riesgo y hubo un desastre natural, acá hay riesgo y ya hubo una grave inundación.
Ahora más que nunca se necesita que la población venezolana esté bien vacunada, pero no lo está, y esto implica otro riesgo que se suma a la desgracia y al caos. Y quiero comparar. Tomemos el caso de dos vacunas, la del sarampión y la del tétanos, dos enfermedades que no nos son ajenas porque las tuvimos acá, hace poco.
En 2024, el porcentaje de bebés venezolanos que habían recibido la primera dosis de la vacuna contra el sarampión era del 71%. En cuanto a la segunda dosis, el porcentaje era solo del 51%. Ambos porcentajes están por debajo de lo recomendado, que es 95%. Los mismos datos, referidos a Argentina, indican que acá la situación es igual de peligrosa.
Mientras que en 2014 el porcentaje de niños argentinos vacunados con la segunda dosis contra el sarampión era del 96%, diez años después, en 2024, este porcentaje es de sólo el 46%, es decir, menos de la mitad, y menos que en Venezuela. Las dos dosis de la vacuna son necesarias para obtener una razonable protección contra el sarampión.
La cobertura de la vacuna antitetánica en Venezuela arroja datos igual de preocupantes. En 2024, solo el 62% de la población tenía completo el plan de vacuna contra el tétanos. En Argentina, este porcentaje es un poco más alto, pero no llega al 70%. Es un gran problema para los venezolanos, y para los argentinos, porque esta enfermedad es grave y se suele transmitir por una herida contaminada.
Bajos, es decir insuficientes porcentajes de vacunación implican un riesgo, tanto para Venezuela como para Argentina. Este riesgo aumenta, y se convierte en un problema más, sobreagregado, si se produce un desastre natural o cualquier otra circunstancia en que muchas personas se ven obligadas a compartir un espacio escaso y sin unos adecuados servicios mínimos.
En Venezuela, el problema ya era de alto riesgo antes del terremoto. Se había denunciado una escasez de vacunas tan marcada que éstas no alcanzaban para las dosis de refuerzo, y solo se estaban aplicando las primeras dosis. También se denunció que ciertas vacunas habían dejado por completo de administrarse.
En Argentina, la escasez de vacunas, sin llegar al extremo venezolano, así como los retrasos para disponer de dosis suficientes en los centros de vacunación, motivaron una carta de queja y reclamo de la Asociación Argentina de Pediatría dirigida al ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, de 78 años. La carta es de fecha del 16 de abril de 2026.
A la vista está, entonces, que hay ciertos paralelismos preocupantes entre la situación vacunal de Venezuela y Argentina. Esto es un toque de atención, y a la vez una llamada para actuar en consecuencia a fin de evitar lamentos futuros. Algunas cosas no se pueden evitar, o es difícil evitarlas, y ante ellas es por tanto necesario, como mínimo, estar avisados, y preparados.
El fenómeno climático adverso conocido como el Niño, por ejemplo, dado que puede obligar a la evacuación de numerosas personas, además de las medidas de prevención que ya se están tomando necesita una buena cobertura de vacunas para así evitar problemas añadidos. Prevenir es siempre mejor que curar. Y pensar, luego invertir en prevención, ahorra males mayores.
Los datos antedichos sobre vacunas en Venezuela son oficiales y proceden de la Asociación Venezolana de Pediatría, que es homóloga a nuestra Sociedad Argentina de Pediatría. Esta última, el pasado 6 de julio, dió a conocer un documento que resultará fácil y accesible para todos, titulado "Atención integral del niño víctima de terremotos: actualización para el pediatra".
Aunque dirigido a pediatras y para caso de terremoto, es un documento válido para todos los interesados, y para otras situaciones de desastre natural, o humano. Explica por qué los chicos son en estos casos más vulnerables que los adultos. Indica qué hacer y cómo organizarse, y cuáles son los criterios para determinar la prioridad, la gravedad y la urgencia de cada víctima infantil.
Mejor que nos agarre vacunados
El capítulo 9 del mencionado documento (página 76 a la 81), alerta sobre la posibilidad de brotes epidémicos en Argentina, en caso de desastre, porque la población está vacunada de manera insuficiente. El sarampión y la hepatitis A merecen en estos casos una rápida atención, y vacuna, al igual que el tétanos y la meningitis.
El dengue, la leptospirosis y el hantavirus también serían otros problemas sanitarios relevantes en situación de desastre. En el caso particular de una inundación y además de lo mencionado, las infecciones gastro-intestinales (diarrea, vómitos, fiebre, etc.) por contaminación de las aguas serían otra complicación más en un cuadro ya de por sí complicado.
Aunque no todas las enfermedades que pueden surgir en caso de inundación u otro desastre se pueden controlar con vacuna, las que sí se pueden controlar de esta manera justifican que se haga todo lo posible para que la población en general, y los chicos en particular, estén todos bien vacunados, y que lo estén con anticipación.
Para ayudar en este sentido, la Organización Panamericana de la Salud propone, en un documento del mes pasado, toda una serie de estrategias de vacunación para entornos reducidos como, por ejemplo, la ciudad de Santa Fe. Se trata de "Orientaciones para la micro-planificación de actividades de vacunación".
Los autores proponen tácticas que superan los obstáculos políticos y que se centran en un acceso equitativo y universal a las vacunas y a otros recursos básicos de la atención primaria de la salud. Proponen la participación de los miembros de la comunidad y el compromiso del personal sanitario como táctica para que la vacunación no decaiga por causa del desánimo o de las dificultades.
Insisten en ciertas estrategias conocidas: además de vacunar en los centros de salud y en puestos ocasionales, los equipos de vacunación tienen que ir a las escuelas, a los lugares de trabajo, a las universidades, a los clubes y a los partidos. Remarcan que una cosa es la vacunación de rutina y otra es la necesidad imperiosa de salir rápido a buscar a quienes por lo que sea no se vacunaron.
Insisten también en que todo debe quedar registrado: quién recibe la vacuna y de dónde procede, quién se la administra y en qué centro o lugar, etc., para después poder valorar los resultados, y darlos a conocer. Parte de esto ya se hace, pero habría que perfeccionar el método y llevarlo más lejos, a todos sin excepción, y antes de que se nos venga el agua de El Niño.












