Hace unos días, mientras una pequeña multitud se congregaba para manifestar su pesar por la muerte del Indio Solari, y muchos más se relamían ante la inminencia de otro Mundial de Fútbol, compartía este servidor una mesa de bar con su hermano cuando una nena, sin duda puberal, pasó y ofrecía cosas en venta.
Los platos rotos
Los embarazos adolescentes son cosa de todos, y todos tenemos que preguntarnos quién pagará los platos rotos si la indiferencia o el Mundial los rompen, porque nadie come en plato roto.

Al verla, pensé que pronto estaría embarazada, quizás, es posible, es probable, y que poco o nada haría el Mundial de Fútbol para evitar tan aciago destino. Así es como comencé a preguntarme quién pagará los platos rotos en los que debería comer nuestra infancia puberal, luego adolescente.
La nena tendría diez años, quizás once. Serían las ocho y media o las nueve, la noche era cálida pese a ser de junio. La nena tenía puesta una remera de color claro que le quedaba ceñida al tórax, y esto permitía observar que ya estaba en desarrollo porque dos minúsculos montículos, inexcusables en el pecho, simétricos y en ambos lados, anunciaban que los cambios ya habían comenzado.
Este notable fenómeno biológico se llama telarca (o telarquia), mientras que aquel fenómeno social se llama indiferencia. El Dante, en su "Divina Comedia", deja a los indiferentes ante las puertas del Infierno, sin entrar, porque ni en el Infierno los quieren.
Telarca o telarquia es una palabra más o menos nueva que resulta de la unión de dos antiguas raíces griegas. La telarca marca el comienzo del desarrollo mamario de las chicas, e indica que el resto del desarrollo de la adolescencia ya ha comenzado, y que con toda probabilidad no se detendrá.
Sabemos, por otra parte, que los embarazos adolescentes accidentales, no intencionales, son más frecuentes entre los chicos y las chicas que viven privados de suficiente solvencia económica, social y cultural, y este es el caso que comento. Por lo tanto, hay que preguntarse quién paga después los platos rotos si la indiferencia contribuyó a romperlos.
En las escuelas enseñan cosas poco útiles sobre cómo se organizan y sobre cómo evolucionan los partidos del Mundial de Fútbol, pero no sé si les enseñan, a los chicos y a las chicas, todo lo que tienen que saber sobre sí mismos, sobre el propio potencial.
Si los platos al final se rompen, me preguntaré cuántas energías se quemaron para enseñar lo inútil, y cuántas se emplearon para enseñar aquello que es útil y necesario, aunque urticante.
La escuela, por tanto, debe enseñar cosas importantes y prescindir de lo efímero, porque cuando se ve que los platos están rotos, y alguien se queda sin comer porque su plato alguien lo rompió, con dolor vemos que aparece la indiferencia. Pero nosotros, las personas, todos o casi todos, no somos así.
En efecto, no somos así. La indiferencia no es argentina, aunque sí lo es la tendencia a dejarse entretener, o incluso engañar, con espejismos. Algunas cosas, bien lo sabemos, alimentan unos pocos bolsillos, y por entretener a la masa dejan luego un tendal de platos rotos.
Según cifras oficiales, en Argentina se registran unos 38 embarazos adolescentes por cada mil mujeres, por año. Esto es mejor que en Bolivia o Colombia, que tienen 63 y 58 embarazos adolescentes por cada mil mujeres, respectivamente. Pero es mucho peor que en Francia o Italia, con 9 y 4 embarazos adolescentes por cada mil.
La clave está en la educación y la formación de los jóvenes en edad de tener sexo entre ellos, y conviene empezar antes de que empiecen. El bebé de una madre adolescente tiene más probabilidad de nacer prematuro o de bajo peso, y de tener complicaciones neonatales. La madre tiene más probabilidad de tener complicaciones durante la gestación, y tendrá después menos chance de conseguir trabajo.
Entonces me pregunto cuántas energías y cuánto dinero se gasta hoy en jolgorio futbolero, y cuánto en educación y prevención. Y me pregunto en consecuencia de qué manera el Mundial de Fútbol y sus futbolistas pueden ayudar a promover una infancia y una adolescencia con mejores perspectivas para el futuro. Antes al menos estaba Enia.
Ya no tenemos el plan Enia, pese a que dió buenos y prometedores resultados, y que esto puede ser demostrado con cifras oficiales. Me refiero al "Plan de Prevención del Embarazo no intencional en la Adolescencia", más conocido como plan Enia. Nació en 2017, y en abril de 2024 quedó reducido a funciones apenas administrativas.
Este plan, de abasto nacional pero focalizado sobre todo en las provincias con más embarazos adolescentes, ofrecía recursos de educación y formación para los jóvenes, ellas y ellos. Y también ofrecía recursos contra el abuso sexual; esta forma de violencia contra las chicas está en el origen de la mayoría de los embarazos de menores de 15 años.
Quien quiera saber más sobre los embarazos adolescentes en Argentina y sobre los resultados del plan Enia, puede leer el informe "El embarazo no intencional en la adolescencia. Apuntes sobre los resultados positivos del plan Enia", de diecinueve páginas, publicado por Amnistía Internacional (amnistia.org.ar).
Indiferencia de los médicos
En otro orden de cosas, numerosas organizaciones internacionales, una de ellas israelí, pidieron que la Asociación Médica Israelí sea expulsada de la Asociación Mundial de Médicos a causa de la indiferencia, del silencio de los médicos israelíes ante el genocidio de Gaza y ante el inhumano maltrato para con los palestinos. Y por faltar al sagrado deber médico de prestar ayuda.
Argentina forma parte de la Asociación Mundial de Médicos a través de la Confederación Médica de la República Argentina, a la cual pertenecen todos los médicos de Santa Fe. El documento por el cual se pide la expulsión está firmado por varios centenares de instituciones médicas del mundo.
En junio de 2025, la Asociación Británica de Médicos rompió relaciones con la Asociación Médica Israelí, y en octubre del mismo año lo haría la Asociación de Médicos de Sudáfrica. En ambos casos, a causa de las faltas graves a la ética médica y al deber humanitario de los médicos de Israel en relación al conflicto de Gaza y sus secuelas.
La mencionada expulsión busca denunciar el silencio de la Asociación Médica Israelí ante la destrucción sistemática de la infraestructura médica y sanitaria de Gaza, ante el bloqueo que sufren los habitantes de Gaza para que no reciban agua, alimentos, medicinas, etc., y ante el trato inaceptable que reciben los detenidos palestinos en las cárceles israelíes.
La Asociación Médica Israelí afirmó en respuesta que estas acusaciones son mentira o, en todo caso, afirmaciones controvertidas que se presentan como hechos. Que no deben confundirse las acciones de un gobierno con las de su asociación de médicos puesto esto sentaría un precedente peligroso.
Y denuncia una supuesta estrategia de Hamás según la cual este grupo usaba los hospitales de Gaza como escondites, como centros de comando militar y como depósito de municiones (más información en "Petition calls for boycott of Israeli Medical Association", Lancet, 13/06/26).
Más allá de las palabras, siempre condicionadas por ciertos intereses más o menos evidentes, y en ausencia de una única verdad, el hecho concreto e incuestionable es la muerte de muchos inocentes, chicos y adolescentes, y de sus madres, sea por la violencia bélica, sea por la estrategia de negarles el acceso a toda forma de socorro. Aquí nadie pagará los platos rotos.












