Según Petit, una crisis surge cuando, debido a cambios de carácter brusco, o debido a una violencia continua y generalizada, los esquemas de regulación (tanto sociales como psíquicos, hasta entonces vigentes) se vuelven inoperantes. En ese contexto, las personas se vuelven vulnerables. Eso varía según los recursos materiales, culturales y afectivos con que se cuenta y el sitio en el que se vive. Las crisis acarrean angustia y rupturas: especialmente, si están acompañadas por una separación de los seres más allegados, por la pérdida del hogar o de los paisajes familiares. Las crisis desembocan en un tiempo inmediato, sin proyecto, sin futuro; en un espacio sin línea de fuga. Reviven viejas heridas, reactivan el miedo al abandono, afectan el sentimiento de continuidad propio y la autoestima. En ocasiones, provocan una pérdida total del sentido y, paradójicamente, reinvenciones.