Efraín Colombo lee en mi programa de LT 10 las memorias de su amigo Pitti Enriquez: "El 29 de abril de 2003 a esta hora, empieza a oscurecer. En la radio nadie avisa nada. Sólo relatan lo que ya pasó. La luz hace rato está cortada. El agua sigue subiendo y no sé hasta dónde va a llegar. Si me voy para el techo con la familia quizás se haga de noche y no tenga quién me saque de acá. Tengo una hija chiquita, un perro fiel y una esposa dispuesta a aceptar el precio de mi decisión. De repente, escucho una explosión: la heladera que había subido a cuatro sillas se vino abajo porque el agua ya le alcanzó. Ese ruido me hace eco en la cabeza y decido que es una señal. El Salado nos sorprendió con semejante crecida pero me está diciendo: '¡No te dejo quedarte acá!' Decido dejar la casa. Mi hija, a horcajadas de su madre. Yo, con mi amigo Peter en un hombro. Y en el otro, un bolso llevando una muda de ropa para cada uno, los documentos y todo lo que de valor habíamos juntado en una vida. La correntada hacía difícil avanzar. ¡Fueron 200 metros de lucha para salvar todo lo que podía hasta terminar de cruzar el parque Garay y tocar tierra firme! ¡Decí que, como vecino del barrio Roma, sabía por dónde cruzarlo! ¡Incluso con el Salado a diez centímetros de mis hombros!"


































