Nadie está exento de caer. Es un hecho seguro. Sin embargo, siempre se puede recurrir a un amigo que te dice dónde está el bien y qué rumbo hay que tomar para hallarlo. Todos los seres humanos, en este aspecto, poseen una preciosa dignidad, hasta el más mísero hombre puede redimirse, siempre y cuando suenen las campanas; es decir con un llamado al que hay que estar abierto en una auténtica libertad trascendente para recibirlo. Solo el cristianismo, así pues, crea una fuerza inigualable en el mundo; esta fue, sin duda, la fortaleza de los autores y de aquellos santos que fueron aún más santos en la adversidad.

































