Entre nubes apenas blancas, sobrevolando cúpulas doradas, dejando atrás almenados contrafuertes, la alfombra sedosa, ondulante y perfecta, se dirigió hacia las montañas azules. Voló en forma impecable. Atravesó tempestades y continuó silente su camino. Tenía el sagrado mandato de encontrar una pequeña tribu en el desierto.
Viajando en alfombra mágica
La autora nos entretiene esta vez con un curioso y hasta fascinante recorrido por los secretos, la historia y la maestría artesanal que hay detrás de los tejidos orientales más cotizados del mundo. Alfombras y tapices, entre la tradición y el lujo.

¡Por fin llegó! Y entonces allí... le perdí el rastro, porque solo con ojos de infancia se la puede acompañar en su mágico viaje. Ahora, ya adulta, vuelve la tentación de esas alfombras de "Las mil y una noches".
Pero solo con abultada billetera o con prestigiosa tarjeta de crédito se puede realizar el viaje hacia su perfecta superficie o hacer entrar en nuestra casa esos "rojos turcomanos y los más vibrantes matices en verde y oro", con los que el folleto de alfombras orientales que tengo en el escritorio, me está provocando.
Pero el folletito en cuestión no solo me tienta poseerlas, ¡Misión Imposible! porque una relativamente pequeña, resulta inalcanzable para la mayoría de nosotros. Pero como las "uvas están verdes", dijo la zorra esópica, también me tienta poner en limpio algo de su currículo.
Algo de lingüística, historias y viajes
Alfombra, tapete, tapiz, repostero y gobelino, son los lejanos parientes de las esteras, de las matras, de todo paño destinado a proveer mayor confort y pensado para propiciar el goce de los sentidos.
Alfombra, tapete, tapiz, gobelino y repostero, cada uno con cien historias diferentes y a la vez, con algo en común; todos ellos miembros ilustres de la misma familia, entre ajuar y mobiliario, con cierto origen semejante: la necesidad utilitaria unida al espíritu artístico.
En la actualidad su empleo ya no tiene un solo uso estricto, el tapete puede ser alfombra y una alfombra se podría estar usando como un repostero. Al principio todos ellos fueron el mobiliario más fácil de transportar, a lomo de dromedarios (los de una joroba) y camellos (los de dos), caravanas, burros y caballos y todo lo que pudiera andar, soportar y llegar.
Eran los avíos que permitían caldear el ambiente, hacer un poco más mullido el suelo y protegían contra el aire frío o las oleadas de arena. Y esas alfombras recibieron horas y horas de trabajo manual. En la actualidad la ténica no ha cambiado mucho y duele ver cómo van tejiendo a veces arrodilladas.

Antes también tejían los niños (ojalá eso haya cambiado) y los hombres en determinados lugares. Las más buscadas son las tejidas con materiales nobles como lana, pelo de camélidos y seda de gusanos. Una inmensa alfombra de seda oriental puede enrollarse en un bulto pequeñito.
Las de lana pueden estar combinadas con algunas hebras de seda para resaltar los dibujos. Pero no pensemos que se tejen meramente en el telar. Que solo se trata de enhebrar estambre y urdimbre, de bajar armoniosamente peine y pedales, un trabajo artesanal difícil de por sí.
Pero no es así como se tejen estas "alfombras voladoras". Artesanos y artesanas de todas las edades (donde ancianas casi ciegas pero con luz en los dedos, hasta niños de 8 o 9 años) combinan hebras de diferentes colores anudando por detrás para dar firmeza, cuerpo, flexibilidad, resistencia, policromía y durabilidad a estas alfombras casi eternas.
Aunque una hebra se cortara, después de mucho tiempo (¡muchísimo!) quedarían otros tantos nudos sosteniendo la misma hebra. Es por eso que la cantidad de nudos por centímetro cuadrado aumenta el precio. ¡Son los quilates de la alfombra!
Así como un joyero experimentado revisa el brillante haciendo incidir la luz, para ver si el facetado del poliedro es correcto y con una lupa examina que no haya fallas en el carbono, el comprador de una alfombra persa suele llevar una lupa de potentes dioptrías, que se despliega tomando la forma de un banquito y puesta así, aplica su experimentado ojo.
La más grande del mundo
Es la "lupa cuentahílos" o la "lupa cuenta nudos". Las que merecen la atención del experto, siempre están por arriba de 50 nudos por centímetro cuadrado.

Además que el diseño, la rica paleta policromática, por sus dimensiones y por la utilización de materiales nobles, la mejor lana, la costosa seda, algo de oro, algo de plata, etc., el lugar de origen que debe certificarse en la garantía y la perfección en toda su superficie y en especial en sus bordes bien terminados, todo esto aumentará su valor.
En lo personal, pedí ver el revés de una de esas alfombras y fue imposible encontrar un solo nudo. Recorriendo Marruecos, visitamos a un mercader de alfombras. El local, amplísimo, con balcones que circundaban todo el salón y desde esa planta alta, con histriónicos movimientos, desenrollaba alfombras bellísimas, muy grandes, que pendían de la baranda como inmensos tapices.
Para llegar hasta él, nos habíamos internado en la variopinta Medina y, en la ciudad vieja, bíblicos burros cargados de alfombras, golpeaban los cascos sobre milenarios adoquines.
¡Ah la Medina! Inolvidable con su bullicio, con sus exquisitos aromas a mil especias distintas, con el inmundo olor de sus curtiembres, con su platería desparramada al alcance de la mano, predisponía a creer que con una alfombra bien elegida y la orden de ¡Sésamo, elévate! saldría flotando majestuosa a través de las arcadas treboladas, camino al minarete árabe o rumbo al "zigurat" mesopotámico.
La alfombra más grande del mundo, tejida a mano, está dentro de la increíble, enjoyada, inmensa Gran Mezquita Sheikh Zayed, en Abu Dabi, Emiratos árabes Unidos, considerada una de las maravillas del mundo moderno.
Pero el asombro y la admiración no terminan allí. Yendo con guía, ¡visita obligada! ir a conocer una fábrica de alfombras, pero en este caso, mal llamadas alfombras, pues sería muy incómodo caminar descalzo sobre la cantidad de piedras preciosas que adornan su bordado Zardozi.

Son tapices, bordados con esa técnica que tiene nombre propio. El empleo de los tapices, es similar a los otros que hemos nombrado. Nacieron para colgar de las paredes y decorar, aislar del frío o mostrar poder y riqueza, asombrar al visitante y elegante manera de informarle: ¡Cuidado, conmigo no se juega!
Es también sorprendente que casi en muy pocos años, estos emiratos de ser simples pescadores de perlas, hayan pasado a convertirse en potencia. Los emiratíes, todos, son propietarios de su vivienda. El gobierno se ocupa de facilitarles esa posesión.

Piedras preciosas para los bordadores
El emirato de Abu Dabi (o Abu Dhabi) compraba, desconozco si lo sigue haciendo, las piedras semipreciosas -toda la variedad de las ágatas, amatistas, azabache, berilos, circón, citrinos, corales, cornalinas, todas las variedades de cuarzo, granates, jaspes, ojo de gato, ónix, ópalo, turmalina, turquesas- y las entregaba en forma gratuita a los bordadores de esos increíbles tapices.
Pero también los hay con simples cristales y vidrios. Se utiliza generalmente terciopelo forrado, negro, azul o verde muy oscuro y los diseños son similares, se emplea en los más costosos oro y plata en el bellísimo bordado Zardozi.
El emir apoya estos tapices, pues deslumbran a los turistas y cuándo éstos regresan, seguirán describiendo esta maravilla. Enjoyada e inteligente forma de publicitar el emirato.
Ahora la alfombra, suavemente, comienza a descender en Turquía, la bella, la que obedeció a uno de los dueños del mundo conocido, a Suleimán el Magnífico. Gobernante, dueño de todo un imperio, poeta, joyero experto, él engarzaba las gemas más bellas. Y allí también existen las alfombras mágicas. Aquí las vi volar.
Antes de ingresar a la muestra de un mundo que años atrás enloqueció a Hollywood, el visitante es invitado a conocer los gusanos de seda, al bello capullo, que está hecho de un solo hilo de seda continua que el gusano produce para protegerse, mientras realiza su metamorfosis a mariposa.
Y el turista apreciará también cómo el hilador humano, va desenrollando esa hebra inmensamente larga. Ella, convertida en alfombra, destila allí su magia.
La alfombra de seda natural, al estar tejida con una hebra tan delgada, permite muchos más cambios de colores en el dibujo y tiene un brillo sutil que le aporta una apariencia viva, que imita un efecto luminoso constante, realzando los detalles del diseño que cambia según la hora y de la incidencia de la luz en esa hebra. Pertenece al grupo de las cosas que se ha dado en llamar "lujo silencioso".

A continuación, llega el momento de verlas en persona. El salón es realmente inmenso. Las sillas nos esperan puestas en todo el perímetro. Entonces, el mago comienza a hablar, hipnotizando a su auditorio con las promesas de lo que veremos.
Toma una de las alfombras, hace extraños movimientos de enrollar y desenrollar y a la tonante voz de ¡Ahora! lanza la alfombra inmensa, increíblemente desplegada, brillando orgullosa. ¡Y va volando! con pausados y ondulantes movimientos semejantes a los que realiza la manta raya en el fondo del mar. Sigue desplegada hasta que desciende tranquila, descansada, a nuestros pies.
Nombres ilustres
Tal vez confunda que al hablar de alfombras se nombre África, Asia, inclusive parte de la Europa turca. Es que todas ellas tienen una imbricada historia de préstamos culturales entre árabes, indios y persas. Las de Bukara tienen un mítico prestigio, pero no se quedan atrás las de Hereke, Tabriz, Nein, Qum.












