- Hay momentos que me han afectado y sensibilizado más que otros. No siempre es fácil. Pero algo que -en particular- a mí me ayuda es no conectarme con el diagnóstico, no conectarme con la enfermedad. Trato de ir más allá, de lograr una conexión con el interior de cada uno, de buscar ahí donde cada uno de ellos siente que vuelve a ser Juan Pablo, Santiago o Luciana. Por supuesto, me ayuda saber que yo estoy encontrándome con ellos para conocer cuál es su mayor deseo: eso que los va a colmar de esperanzas, de sonrisas. Imaginate que ellos escuchan diariamente un "no podés salir", "no podés comer esto", "no podés ir al colegio" o "no podés ver a tus amigos". Nosotros vamos a hacer el "sí" en eso que desean. Entonces, focalizarme en la misión, me hace vivirlo de otra manera. Cada vez que voy al encuentro de estos niños y jóvenes, doy todo de mí y trato de llenarlos de vida, de energía positiva. Entonces, a pesar de que son historias muy duras, a mí me reconforta saber cuál es el sentido por el cual yo estoy ahí.