Sé que ya pasaron varios días pero me gustaría aportar una reflexión sobre dos fechas muy caras al sentimiento de los argentinos: 24 de marzo de 1976 y 2 de abril de 1982. Muchas veces es mejor tomar cierta distancia de las cosas, para poder observarlas mejor, siempre haciendo la aclaración de que cada uno observa la historia de acuerdo al cristal con que la mira.
¡Argentinos, revisemos nuestra historia, perdonémonos!
El texto apela a la reconciliación nacional, sugiriendo que solo a través del entendimiento y el perdón se podrá avanzar hacia una paz genuina y duradera. A la vez, critica el uso político de la memoria histórica, abogando por un reconocimiento equitativo de todos los involucrados en los conflictos del pasado argentino.

Hasta ahí está todo bien, excepto cuando se quiere imponer un criterio sectorial con tinte de "verdad absoluta". Por eso, respecto a la primera de las dos fechas en cuestión, la del 24 de marzo, me gustaría que no nos sigamos lastimando al denominar a dicha conmemoración como "Día Nacional de la Memoria, la Verdad y la Justicia".
¿Qué verdad? ¿Por qué no analizamos los acontecimientos como se fueron dando? ¿Por qué siempre tomamos la fecha del 24 de marzo de 1976 como el inicio de todo y no abarcamos los años anteriores, los que engendraron todo lo que vino después?
El que no conoce ciertos detalles de esa historia previa, nunca sabrá que los entonces llamados "jóvenes iluminados", ya en el año 1970, es decir antes del regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina, estaban actuando. Sí, los denominados Montoneros, ERP y otros, conocidos por una gran parte de la sociedad argentina como "los subversivos".
Sí, porque a eso se dedicaban, a "subvertir" al país, a alterar el orden establecido. Eran tiempos difíciles y complicados, pero se procuraba vivir una transición hacia la democracia.
Ahora bien, en determinado momento estos muchachos se trasladan a la provincia de Tucumán para iniciar allí un "foco revolucionario", que guardara similitud con el inicio de la revolución cubana y así poder replicar en tierras tucumanas el ejemplo de Cuba.
Querían conformar en Tucumán su propia "Sierra Maestra", y es por eso que uno de los mayores y más duros enfrentamientos entre el ejército argentino y la guerrilla se dio en esa provincia. La intención de los subversivos siempre fue tomar el gobierno nacional, para hacer en Argentina una "copia" de lo que era -y es aun hoy- Cuba.
Entonces yo me pregunto: ¿el pueblo argentino realmente quería, quiso, quiere, o quisiera algún día llegar a eso, a lograr una sociedad así, como la que se buscaba por las armas? Con el respeto que se merece Cuba como nación y también todos los cubanos, lo que valía para aquel entonces vale para hoy también: ellos son ellos y nosotros somos nosotros.
Por eso mismo, cuando digo "perdonémonos" es porque apelo a nuestra historia -y ya que así lo quieren, también a nuestra memoria-, para recapacitar sobre algunos de los hechos que nos formaron como la Argentina que somos.
Ante la iniciativa de los españoles primero y de los ingleses después, en distintas épocas tomamos y nos apropiamos como país emergente de las tierras de los pueblos originarios. Los perseguimos, los echamos de sus lugares y los matamos, o bien los llevamos a vivir en cautiverio cuando ya se habían firmado tratados que muchas veces no respetamos.
En ese momento, el militar argentino propició contra los pueblos aborígenes la llamada "Conquista del Desierto", es decir una acción armada. Y nadie les hizo juicio para condenarlos y castigarlos por haber ganado lo que se definió como una acción de guerra.
La mayoría conoce la historia, los subversivos iniciaron las matanzas de militares y familiares, sin aviso previo, propiciando una respuesta militar, que debemos definir también como una acción de guerra.
Perón regresó a la Argentina y vaticinó que al país lo arreglábamos entre todos o no lo arreglaba nadie. Mandó un mensaje; mensaje que los propios peronistas no aceptaron. Se hicieron los distraídos, mientras Perón intentaba cierto acercamiento con otros líderes políticos y se abrazaba con Ricardo Balbín (1972).
Las organizaciones subversivas, que ya funcionaban "a pleno" y no lo reconocieron a Perón, mataron a un dirigente sindical muy cercano al líder peronista, José Ignacio Rucci, a la vez que la Triple A hará lo propio con un sacerdote cristiano católico, el padre Carlos Mugica, también de buena relación con Perón.
Vuelvo al 24 de marzo de 1976. He visto en los diarios distintos reconocimientos referidos a dicho día y veo como se insiste en "generar memoria", convirtiendo locales policiales y casas utilizadas para encarcelar subversivos, que ahora son convertidas en Museos de la Historia.
Pero muchas veces han sido propuestas de políticos oportunistas, que actuaron con mentalidad populista y retrógrada, trabajando para la "tribuna", para quedar bien con Madres de Plaza de Mayo y castigar solamente a los militares.
A mi entender, los militares -insisto en este concepto- ganaron una guerra. Una lucha entablada para liberarnos a nosotros, los ciudadanos de una sociedad argentina caída en desgracia, de que los grupos subversivos tomaran literalmente nuestro país y replicaran en él lo que tanto elogiaban de Cuba.
Pero, gracias a nuestro "sentido politiquero" de la Justicia, con bombos y platillos hemos castigado a los ganadores de una guerra, mientras que al ejército subversivo, que fue perdedor y cometió reconocidos crímenes, lo tratamos de manera diferente, premiándolo con el tiempo con tremendos reconocimientos dinerarios, sin que sus miembros reciban el mismo trato que los militares.
A esto lo sabían muy bien los presidentes Raúl Alfonsín y Carlos Menem, con ellos empezó todo; la idea, dicen, era pacificar, con la diferencia sustancial que los militares en su momento cumplieron la orden del gobierno democrático de Isabel Perón, de aniquilar a los grupos subversivos. Y la Justicia no contempló el cumplimiento del deber de los militares.
Ahora, en momentos de conmemoraciones y reconocimientos, también recordamos el 2 de abril como Día de Malvinas, pero teniendo muy en claro que los mismos militares, por prepotencia del militar a cargo del gobierno, fue a una guerra que sabía que perdía.
Y entonces perdimos cientos de jóvenes soldados y también militares de carrera, a los que solo con el tiempo, y cuando empezó a convenirles, los clásicos politiqueros de turno y movimientos oportunistas de distinta índole, empezaron a reconocer. Algún día los ciudadanos argentinos lograremos que esos oportunistas -politiqueros de turno- nos tengan en consideración y dejen de faltarnos el respeto.
Es hora de que tengamos la nobleza de perdonarnos, como enseñan la Iglesia y el Padre Nuestro a los cristianos. No nos dejemos faltar el respeto. Demos por sepultado el odio y vivamos en paz, pero una paz verdadera, no parcial. Los cristianos festejamos el Domingo de Ramos, que significa eso: paz. Refleja el momento en el que crucifican a Jesus y él se sacrifica por nosotros.
Los cristianos hemos aceptado esa realidad y por eso desde la Iglesia no se hacen actos con los politiqueros de turno. Estos no llenan ningún vacío: solamente recrudecen el dolor de las familias afectadas en una época en la que Argentina vivió una guerra y se benefician con ello.












