Si quieres justicia tienes que construirla con tus manos, de la misma manera que cocinas para tus hijos, o que buscas el salario. Hay que cimentarla en acciones cotidianas, emprenderla como una costumbre, con el corazón limpio. Todos somos iguales en palabras pero la equidad es un animal que se retoba.
Si quieres justicia...
Una profunda reflexión sobre los mandatos de género, la búsqueda cotidiana de equidad y el desafío constante de conquistar la libertad propia sin culpas.

Hay que defender con los dientes lo que duerme entre las flores del vestido. La feminidad es una constelación menor en un universo masculino. Nos educaron para cuidar, y después, si hay tiempo, procurar nuestros anhelos. Duplicamos los esfuerzos por una cuestión de género. Todo cuesta más.
La libertad es un lujo que guardamos para cuando nadie nos necesite. ¡Tantas veces precisamos planchar los sueños y dejarlos dobladitos bajo la almohada, sin saber si vamos a tener la oportunidad de estrenarlos! Todavía nos toman como mercancía de uso, para prolongar la especie, la violencia, objetos de placer y servidumbre.
Dudan de nuestra inteligencia, si tenemos una cara bonita. Nos admiran o discriminan por nuestro cuerpo, nuestra apariencia. Nos siguen condenando de mil maneras, aun escuchamos que nos mandan a lavar los platos. Declaran bruta, gorda, bruja, loca, puta. Continuamos repitiendo lo que valemos. Tenemos un sexo que amamos, y que vamos dignificando con minuciosas entregas para lograr mirarnos sin culpas.
Si quieres justicia, tienes que saber que no siempre la obtendrás pero debes seguir intentando. Puedes abrir pequeños retazos de lumbre para expandir tus deseos, tus razones. La verdad es un espacio que pocos soportan. Tienes que despejar la maraña del prejuicio ajeno, peinarte despacio, sentarte al sol para que te abrace el viento, respirar el aire con su resabio de agua.
Hay que honrar la dura belleza de la montaña, su paz inmóvil, la perpetuidad de su convicción de altura. No temas romper los candados, mirarte desnuda, gustarte desde adentro, conocer los auténticos motivos, los ríos subterráneos con todo lo que arrastran, las hojitas que revolotean como pájaros mudos sobre las piedras del alma. Enamorate de las curvas y contracurvas que la naturaleza nos concedió.
Y remontá la confianza, como un estandarte a cielo franco, en que podemos crear algo nuevo desde las decadencias de un mundo que suele relegarnos si no hacemos lo que se espera de nosotras. A veces tengo que buscarme por recovecos de la memoria para ser yo misma.
En la precariedad despellejada por el viento, digo: soy ese paisaje que amo, el lugar en el que descanso de las incomodidades del destino y si quieres justicia tienes que construirla con tus manos.












