¿Por qué Argentina perdió el mundial?
¿Por qué Argentina perdió el mundial?
El seleccionado argentino de fútbol cayó ante España en la final de la Copa del Mundo 2026 tras una serie de errores tácticos y decisiones arbitrales cuestionables, dejando a los hinchas con un sabor amargo.

Nos escribe Gabriel (23 años, Comodoro Rivadavia): “Hola Luciano, ¿cómo estás? Te escribo porque no salgo del asombro con lo que pasó en el mundial. Me pegó re mal. Me doy cuenta de que no solo se trata de perder, sino de que me cuesta no pensar que hubo una mano negra, algo raro pasó. Me gustaría saber qué pensás vos cómo psicoanalista de las teorías de conspiración que surgieron en estos días”.
Querido Gabriel, muchas gracias por tu mensaje. Creo que esta vez me va a costar esta columna, un poco más que otras veces porque, al igual que vos, también me bajoneó que se haya perdido la oportunidad de levantar la Copa del Mundo.
Se perdió la copa, pero ¿no se ganó nada? Como consuelo, me queda la alegría de ver la despedida digna de uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, y no digo el mejor para no entrar en debates que no vienen al caso.
Ser fuertes en la derrota es algo que pocos pueden hacer. Perder sin sentirse derrotado, es un movimiento que solo se permiten los verdaderos grandes. E incluso diría que hasta los ganadores son olvidados, juntos con los perdedores.
Los que son inolvidables trascienden esta distinción (ganar/perder), porque son capaces de mostrar cómo se las arreglaron con las dos caras de la moneda. El éxito es circunstancial, la gloria incluye tocar fondo y levantarse.
Ahora bien, me preguntás qué pienso de las teorías que surgieron para explicar esta pérdida. Por suerte, me preguntás qué pienso como psicoanalista, así que voy a dejar de lado mi opinión personal y, antes, voy a decir dos cosas.
Por un lado, que es bien curioso que necesitemos explicar una pérdida. En principio, no se la puede aceptar como tal. Es como cuando nos enteramos de que alguien perdió la vida y, enseguida, queremos saber si estaba enfermo o, si hubo un accidente, qué falló.
Esto ocurre cuando tenemos la sensación de que pasó algo que no debería haber pasado, como si se hubiera desajustado un orden. Necesitamos una explicación, porque no podemos aceptar sin más el efecto.
Pero, me dirás, aquí no se murió nadie. ¿Estás seguro? ¿No hubo personas que dejaron un pedazo, sino la vida misma, ante la pantalla del televisor? Sé que no es de buen gusto mencionar este ejemplo, replanteemos la pregunta: ¿no murió una ilusión?
“Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”, dice la canción. ¿No es este un breve rosario de nuestras ilusiones? Antes se cantaba, por cierto: “Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar…”. Las ilusiones son algo muy importante para nuestra vida anímica.
Nos sostienen, están para darnos aliento (en la cancha, paradójicamente a quienes alientan). Por lo tanto, no es fácil hacer el duelo por una ilusión sin algún tipo de derrumbe. Nos sostienen, están para darnos aliento (en la cancha, paradójicamente a quienes alientan). Por lo tanto, no es fácil hacer el duelo por una ilusión sin algún tipo de derrumbe.
Por otro lado, creo que en este Mundial también se jugaba una intención colectiva muy fuerte, la del líder virtuoso que es querido y acompañado por los demás jugadores, que -así es que muchos lo han dicho- jugaban para él.
En este punto, es difícil distinguir cuánto queríamos que ganara Argentina o que ganara Lionel Messi, en el sentido de que con el triunfo del capitán se medía una reconciliación para todo el país.
En cualquier caso, la derrota fue indigerible. Como dije antes, la reacción mayoritaria fue la de que eso no podía estar pasando, no está pasando, no pasó. Pasó otra cosa y es como si tuviéramos que hablar de esa otra cosa que pasó.
Aquí es donde aparecen las teorías de conspiración o, como también se las suele llamar, “conspiranoicas”. Este término une “conspiración” con “paranoia”, a partir de que esta última expone un tipo de patología que hace de la interpretación la fuente de constitución de delirios.
El paranoico,... ¿es alguien que tiene interpretaciones erradas de la realidad? Por cierto, muchas veces los paranoicos han acertado ahí donde los demás no querían ver. Por eso mejor dejar de lado la cuestión de la verdad. Las brujas no existen, pero que las hay…
En este punto, podríamos preguntarnos: ¿hay algún tipo de relación entre el duelo de una ilusión y la paranoia? En efecto, la dificultad para el duelo suele ser un desencadenante de distintos tipos de psicosis. Aclaro que no estoy diciendo que quienes creen que pasó algo “raro” en la final del mundial sean psicóticos.
Aquí no estoy haciendo ninguna afirmación sobre supuestos hechos ni sobre la verdad de los hechos. Más bien describo algo más simple. Por un lado, había una ilusión y, por el otro, la gran necesidad de una explicación para darle una vuelta a un episodio que no se entiende cómo fue que pasó.
Con excepción de algunos periodistas deportivos, a una inmensa mayoría de la gente no le resulta suficiente decir que el resultado fue el puro efecto de una disimetría que queda en lo deportivo. En las redes sociales, se analizan gestos, se comparten jugadas en cámara lenta, se ven los detalles que una primera percepción no pudo atender.
Un hombre decía que, con este tipo de maniobras, solo se puede descubrir algo que ya se sabía. Y si ya se lo sabía, ¿por qué no se lo aceptaba? ¿Por qué no se lo creía? Porque en eso consiste la ilusión, en saber lo que se sabe, pero actuar como si no se lo supiera. Por eso el iluso no es una persona ingenua.
Llegados a este punto, querido Gabriel, quizá lo mejor sea dejar que pase el tiempo. Ya no buscar explicaciones que no van a modificar el resultado y confiar en que, más allá de la ilusión, la realidad vendrá para imponerse.
No te voy a pedir que me creas, Gabriel, pero estoy seguro de que con el tiempo vamos a poder posicionarnos ante la misma situación de una manera que ya no requiera ilusiones ni compensaciones. Ahí seremos campeones en serio.












