En qué creen los que no creen
En qué creen los que no creen
Analizamos la relación entre psicoanálisis y religión, revelando cómo cada uno puede ofrecer una perspectiva única sobre la fe y la búsqueda de autenticidad.

Nos escribe Adela (43 años, Venado Tuerto): “Hola Luciano, ¿cómo estás? Te escribo porque me gustaría preguntarte sobre la relación entre psicoanálisis y religión. ¿No hay algún tipo de incompatibilidad entre ambas perspectivas? ¿Puede el psicoanálisis decir algo sobre la fe que le sirva incluso a quienes no somos creyentes? En este tiempo me pregunto mucho por la creencia. Me pregunto qué significa creer. ¿Podrías decirme algo al respecto?”.
Querida Adela, muchas gracias por tu consulta. Dedicaremos esta columna, entonces, reflexionar sobre la cuestión religiosa. En efecto, de un tiempo a esta parte diferentes personas se vuelven a acercar a la fe y, quienes están del lado de enfrente, preguntan: ¿cómo pueden creer?

Aquí surge una primera aclaración. Cuando hablamos de fe, no se trata de una creencia en el sentido proposicional de la palabra. No hay un enunciado y un sujeto que lo cree. La fe no se traduce como “Yo creo (en) X”.
Esto es lo que los ateos no suelen entender, que una persona de fe también tiene dudas y vacilaciones. Por cierto, si no fuera por estas no tendría razón para creer. La pregunta de la fe no es por un sistema de creencias, sino por la trascendencia.
Una canción muy bella ilustra esto que decimos: "Redemption Song", de Bob Marley, cuya letra pone en el centro el valor principal del sujeto religioso: la libertad. Lo dice de una manera precisa: “Emancipate de esclavitudes mentales, nadie sino nosotros podemos liberar nuestras mentes”. Creyente es quien vive para preguntarse por una vida auténtica, que salga de la esclavitud.
Cada quien sabe de qué es esclavo. El pecado no es simplemente algo que se hizo mal, sino eso que nos aleja de nosotros mismos –que nos hace perder nuestra esencia, lo más auténtico–, a lo que nos entregamos muchas más veces por debilidad que por maldad.
Por eso, corriéndonos de la cuestión dogmática, podría decir que el ateísmo también puede ser una vía para la fe. Quizás las personas que más fe tienen son las que menos precisan apoyarse en ritos y sistemas de creencias para no olvidarse de esta búsqueda de la libertad.
Hay quienes son esclavos de ciertas pasiones. Otros lo son de su relación con los bienes y los asuntos materiales. Otros de una historia, familiar, transgeneracional, cultural, etc. Ya lo dijimos: cada quien sabe de qué es esclavo.
Para los psicoanalistas, el psicoanálisis puede ser una religión –en el peor sentido de la palabra. Por lo general, las personas sufren y cuando van al análisis encuentran un discurso en el que hacerse una pregunta íntima. Este es el núcleo de lo que llamamos “transferencia”.
Los psicoanalistas, en cambio, al vivir en el interior del psicoanálisis, no salimos en busca de otro discurso para hacernos una pregunta. Al contrario, fagocitamos todo lo que está fuera con el psicoanálisis.
Así es que un psicoanalista ve una película que le gusta y ya tiene una interpretación en términos analíticos. Toma una serie de clases de tango y se le ocurre un seminario: “Lo que el tango enseña del psicoanálisis”. Cocina una comida y enseguida se le ocurre cómo el cuchillo corta como la interpretación…
Por eso a los psicoanalistas no nos resulta fácil analizarnos. Somos más resistentes que los pacientes “legos”. ¿Qué es una religión? Un camino que nos saca del lugar en que estamos para llevarnos a otro lugar, para descubrir una libertad.
Esta libertad no es ausencia de impedimento, capacidad de elección, posibilidad de opciones, etc. La libertad es toma conciencia. Por eso, por lo común, quienes descubren la libertad son quienes alguna vez la perdieron. Como dice una canción de Andrés Calamaro: “¿Cuál es la verdadera libertad?/ Es eso que conoce el preso”.

Ser consciente no es saber, sino “darse cuenta”. Muchas veces sabemos cosas que, sin embargo, permanecen para nosotros de manera desafectada. No nos llevan a ninguna parte, son solo datos, información, conocimiento, pero no conciencia.
Conciencia es in-sight, esto es, algo ante los ojos, a la vista, mirada. Esto es lo que dijo Platón cuando en su alegoría de la caverna planteó un recorrido por el que, quienes vivían entre sombras, salieron al sol. Descubrieron la luz.
La luz es invisible. Sin embargo, permite ver. Nadie la ve, pero sin ella no veríamos que vemos. La luz es conciencia. Y ser consciente de la luz es ser libre. Una persona religiosa es la que se orienta con la luz, que es otro modo de hablar del amor.
De un modo mucho más sencillo y claro, lo dijo el papa Francisco en este breve discurso en Lisboa (en 2023):
“No nos volvemos luminosos cuando nos ponemos debajo de los reflectores, no, eso encandila. No nos volvemos luminosos cuando mostramos una imagen perfecta, bien prolijitos, bien terminaditos; no, no, aunque nos sintamos fuertes y exitosos. Fuertes y exitosos, pero no luminosos (...)"
"Nos volvemos luminosos, brillamos, cuando, acogiendo a Jesús, aprendemos a amar como Él. Amar como Jesús, eso nos hace luminosos, eso nos lleva a hacer obras de amor. No te engañes, amiga, amigo, vas a ser luz el día que hagas obras de amor”.
La misión religiosa es que cada quien recupere su libertad, para amar y dejar atrás el miedo. Todos aquellos que apuntan a que otro lo consiga, son religiosos, con o sin creencias específicas sobre religión.
Querida Adela, espero que esta respuesta te invite a la reflexión y acompañe tus días con preguntas que proliferen. Si, además, puedo recomendarte un libro para profundizar en la cuestión, menciono el siguiente: "La noche de Getsemaní", de Massimo Recalcati. Espero que te encuentres muy bien y un fuerte abrazo a todos los lectores.
Para comunicarse con el autor: [email protected]












