En su tiempo Sigmund Freud describió diferentes mecanismos de formación de síntomas psíquicos, entre ellos aquel que denominó "formación reactiva". Como su nombre lo indica, se trata de un movimiento inconsciente del sujeto que reacciona frente a las marcas de su historia, esencialmente ante aquellas que adquieren un carácter traumático o entran en conflicto con sus valoraciones morales actuales. Según una representación clásica, si a un niño sus padres le reprocharon con insistencia faltas de higiene personal, puede que más tarde devenga un adulto que se lava las manos con excesiva frecuencia. Por supuesto, no es una relación de causa y efecto -eso sería reducir la subjetividad a una lógica lineal del tipo estímulo/respuesta-, por el contrario, es necesario asumir que existen un sinfín de contingencias e invenciones en las respuestas de cada uno al estilo de crianza del cual fue objeto. Puede asumirse aquí que la pulcritud en la higiene no es más que un rasgo de carácter, sin embargo, en ocasiones también constituye un síntoma, especialmente cuando impone una gran cuota de trabajo y obstaculiza la vida cotidiana.



































