Llegan Cartas y Mensajes
Vecinos santafesinos exigen mejoras en el mantenimiento urbano, mientras se reflexiona sobre los haberes jubilatorios y la memoria afectiva de una madre.

MATÍAS ANÍBAL ROSSI
Es curioso que en los últimos diez años, gobiernos en las antípodas políticas, con odios recíprocos, insultos y menosprecios, hayan coincidido siempre en empobrecer a los jubilados y seguir metiendo sus manos en los fondos de un sistema previsional quebrado.
La pérdida del valor de los haberes jubilatorios es enorme. En octubre de 2016 la jubilación mínima fue $5.661 y el promedio de todas las jubilaciones $9.217. En octubre de este año las mínimas, bono incluido, son $505.748 y el promedio $804.186 (son datos Ministerio de Capital Humano y Anses).
Es decir que los haberes mínimos se ajustaron un 8.934% y el promedio de las jubilaciones un 8.725%. Para estos diez años el Indec informó una inflación del 13.300%. Las mínimas perdieron un tercio de su valor y el promedio general casi un 35%.
Los años del presidente Mauricio Macri, los de Alberto y Cristina Fernández, así como los casi tres años libertarios son partícipes necesarios para explicar nuestra pobreza. ¿Cómo? La fórmula de ajuste del PRO, la retorcida fórmula de los K, usada también para el primer ajuste de LLA, y luego el bono congelado de $70.000 de las mínimas por treinta y dos meses.
El papa León XIV llegará a la Argentina en pocos días, con su mensaje de amor y esperanza. En el Encuentro pastoral de los ancianos de junio dijo: "las personas de edad avanzada aún tienen mucha energía que dedicar al servicio de las comunidades" y calificó "los ancianos verdaderos maestros de una vida que no se mide por la eficiencia".
El arribo de Su Santidad corporiza un mensaje de paz y esperanza que bien sabe cuánto lo necesita nuestro pueblo. Ojalá que el santo padre le explique a nuestra dirigencia que es eso de trabajar juntos para el bienestar de la gente, porque es el compromiso moral para el que fueron elegidos. Y respecto al abandono de los viejos, exhortarlos a devolverles la justicia que le han negado por tantos años.
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Carta al intendente I
LUIS, DE BARRIO SUR
La ciudad está sucia y descuidada. Las calles están llenas de basura, pero la culpa, según parece, siempre es de los ciudadanos. Ahora bien,... ¿nadie en la Municipalidad se pregunta por qué en Santa Fe prácticamente solo hay cestos de basura en las plazas y en algunas avenidas importantes?
Y no hablemos del estado de las calles. En Av. Urquiza, por ejemplo, los autos circulan haciendo zigzag para esquivar los pozos y no dejar una rueda en el camino.
Pero claro, para recaudar están siempre. El SEOM se ha convertido en una formidable máquina recaudatoria, que se extiende cada vez más mientras otros problemas bastante más urgentes de la ciudad siguen esperando solución.
Un dato resulta particularmente llamativo: CABA tiene aproximadamente 10.000 espacios de estacionamiento tarifado y Santa Fe, cerca de 5.000. Es decir, una relación de apenas 2 a 1, cuando la población de CABA es más de siete veces mayor.
Y, por si fuera poco, el sistema licitado por la Municipalidad de Santa Fe contempla una capacidad de hasta 10.000 dársenas: prácticamente la misma cantidad que tiene actualmente toda la Ciudad de Buenos Aires. La pregunta es bastante obvia: ¿a dónde va a parar todo el dinero recaudado?
¿A mejorar la ciudad? Porque, a juzgar por el estado de las calles, la limpieza y el tránsito, cuesta advertirlo. ¿O se destina fundamentalmente a sostener una estructura municipal cada vez mayor, que incluye, paradójicamente, a los mismos inspectores encargados de controlar y multar a los ciudadanos?
¿Por qué, en lugar de preocuparse por ampliar el estacionamiento pago hasta llegar potencialmente a 10.000 dársenas, no se destinan esos esfuerzos y recursos a arreglar las calles? O, más modestamente, ¿por qué no se intenta ordenar el caos de tránsito durante las horas pico en todo el centro, en lugar de limitar los controles a alguna que otra esquina del microcentro? Claro, eso no recauda…
Mientras tanto, las principales obras de infraestructura que vemos en la ciudad son financiadas por la Provincia. Espero que en las próximas elecciones los santafesinos sepamos evaluar esta gestión y podamos cambiar este rumbo. Santa Fe merece una ciudad limpia, ordenada y transitable, y una Municipalidad preocupada por prestar buenos servicios antes que por encontrar nuevas maneras de cobrarles a sus ciudadanos.
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Carta al intendente II
BEATRIZ G. FERREIRA
Señor intendente: ¿las bocas de tormenta de las calles Padre Quiroga y Aguado, del barrio Santa Rosa de Lima, figuran en el inventario municipal? Hago esta pregunta, porque tal vez no están incluidas y, si lo están, quiero avisarle que desde que habilitaron el asfalto en ambas calles, las han olvidado impunemente.
Ante la emergencia hídrica que nos toca vivir, son las únicas bocas de tormenta que cuenta el barrio; por lo tanto, es obligación del municipio velar para mantenerlas en perfecto estado de funcionamiento.
Si los desagües no tienen el mantenimiento correspondiente, y si a esto le sumamos que la empresa Urbafe no cumple con el barrido manual -barren cuando quieren-; ante una posible lluvia abundante -Dios no lo permita-, nuestra suerte está echada.
Comprendo que ante un eventual fenómeno climático no hay voluntad humana que pueda detenerlo, pero si estamos preparados los efectos colaterales serán mínimos. Soy una ciudadana contribuyente que con mucho esfuerzo pago mis impuestos, por lo tanto, me asigna el derecho a manifestarme. Señor intendente: no se olvide de los barrios, tambien son parte de la ciudad.
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Mi madre era una tarde de lluvia
BÁRBARA KOROL
Mi madre era una tarde de lluvia. Tenía esa tristeza imprecisa de los contornos que parecen alterarse al contacto con las gotas. En ocasiones el aguacero era intenso y el mundo se tornaba oscuro. La casa no podía ser refugio de la violencia que a raudales fluía y que iba estropeando los muebles y los recuerdos.
Entonces la soledad era feroz. Devoraba sus huesos primero y luego, de su corazón hacía miguitas para saciar la avidez de los pájaros del tiempo. Cuando el agua caía con pereza ella sonreía un poco y de su alma quebrada filtraba un rastrojo iluminado. Sus palabras tenían el eco húmedo, salobre, de los vapores lejanos del océano.
Amaba los libros, los niños y los perros, con la misma vaguedad con que rondaba la obsesión de sostener un cariño imaginado. Siempre guardaba en sus manos el temblor de una caricia, y cuando decía Amor por un instante, el sol salía por su boca y en el fondo impenetrable de sus ojos brillaba algo infinito.
No sé en qué laberintos acabó enredada la dulzura que me abrazó en la infancia. Se fue, y dejó su herida flotando en la memoria de sus templos. El rastro de sus miedos quedó tallado en los cristales del ocaso. Mi madre era la excusa de la tarde precipitando su dolor junto a la lluvia. Y aun así, aun así la extraño.












