Nos escribe Lisandro (Avellaneda, 48 años): "Hola Luciano, ¿cómo estás? Te escribo para preguntarte por la terapia de pareja. En realidad, sería una consulta con mi exmujer, ya que tenemos dos hijos en común (...)".
Terapia de exparejas
La terapia de exparejas busca facilitar el diálogo entre quienes, tras una separación, deben seguir colaborando por el bienestar de sus hijos en común. En esta nota, exploramos cómo funciona este enfoque terapéutico y sus beneficios potenciales para las familias modernas que enfrentan desafíos únicos en su dinámica diaria.

"(...) Ella es la madre de los chicos y si bien nos separamos hace rato y ambos estamos en pareja con otras personas, estamos pensando en hacer una consulta para ponernos de acuerdo sobre temas que nos cuestan. Es que ahora cada uno armó su nueva familia y es complicado tener el mismo criterio en ambos lugares. ¿Hay terapeutas para casos como el nuestro?"
Querido Lisandro, muchas gracias por tu mensaje, que me da la oportunidad de escribir en torno a un tema sobre el que vengo reflexionando hace tiempo, llamémoslo así: ¡la terapia de exparejas! Si consultáramos los manuales, o libros clásicos sobre el tema, veríamos que los casos eran sobre parejas o familias.
En una situación como la de ustedes, ¿de qué se trata? Este es un modo de plantear cómo cambiaron las configuraciones vinculares. En efecto, podríamos afirmar que la de "ex" es una relación como cualquier otra. Incluso, si me permitís, querido Lisandro, hay parejas de exparejas y no solo en casos en que haya hijos de por medio.
Recuerdo la situación de un hombre que se separó de una mujer con la que estuvo casado durante años y concluyeron en los mejores términos, al punto de que cada uno inició una nueva relación. Concluyeron en los mejores términos, pero no para ser amigos, tampoco era el caso de que tuvieran negocios o emprendimientos conjuntos.
Más bien, se trata de la historia que los había unido (que no viene al caso contar) y que motivaba que se hubiesen convertido un poco en familia. ¿Alguien puede separarse de la familia? Por cierto, que se hubieran convertido en familia fue el motivo de la separación, ya que cada uno buscó nuevas parejas.
Llegaron al consultorio, entonces, como pareja de separados, una que trataba de pensarse en función de cómo llevar adelante esta nueva etapa de la vida sin que el otro quedara atrás y sin lastimar a nadie. Son complejos los vínculos, Lisandro. Y, además, estamos demasiado solos y, quizá, un poco sueltos como para llegar a esa instancia en la que hay que andar cancelando gente.
Por ejemplo, adiós a mi ex, es un vínculo cerrado, tengo prohibido hablarle. Porque también hay una relación con lo terminado, que no por terminado deja de existir.
En este punto, podríamos distinguir entre casos de personas que se separaron y siguen la relación con su ex a espaldas de sus parejas actuales, como una manera de agregarle a ese vínculo un condimento transgresor y, por otro lado, quienes pueden haber hecho el duelo de la relación en su dimensión erótica, pero pueden distinguir lo que se juega con la persona en otros niveles.
En alguna situación, recuerdo haber recibido la consulta de dos ex y la pareja de uno de ellos, que vino al consultorio para charlar acerca de cómo llevar del mejor modo la crianza de un niño, respetándose cada uno en el vínculo que le tocaba.
En esa oportunidad me quedé con la idea de si no poder tener un ex no es una forma de inmadurez, en el sentido de que el cierre del vínculo afectivo se vuelve equivalente a una muerte vincular.
Volvamos a tu consulta, Lisandro. Como verás, mi respuesta es auspiciosa. Es más, los incentivo a que vayan al consultorio de algún colega y puedan proponer aquello que más los preocupa, con franqueza y honestidad. De manera conjetural, me quedo pensando: ¿será que tienen miedo de llevarse demasiado bien como ex y, por lo tanto, volver a pensar por qué se separaron y quizás fantasear con volver?
Parece una tontería lo que te voy a decir, pero en algunos casos el odio es la mejor de las garantías para no pensar en un regreso. Se mata la nostalgia con la bronca, pero puede ser que esto sirva para un primer momento de la separación, porque después el tiempo hace lo suyo y toca hacerse cargo de lo que a cada uno le concierne.
Mientras redacto esta respuesta, tengo la impresión de que destapamos una olla y nos encontramos pensando en un montón de otros casos semejantes. Por ejemplo, pienso en la situación de quienes consultaron después de haber estado casados y su único deseo, antes que el de volver, era entender dónde se habían dejado.
Es el caso de una pareja de dos personas que estuvieron juntos durante tres años y, ya separados, vinieron casi un año a entrevistas con el fin de seguir conversando. Esta fue una de las experiencias de tratamiento más lindas con un vínculo, porque no estaba la exigencia de encontrar una solución.
Ambos sabían que habían fracasado y que no tenía sentido echarle la culpa al otro; al menos, ya no en este momento, porque cada uno tenía su parte en el asunto. Habían estado juntos poco tiempo, quizás hubiera sido mejor que dieran todo por terminado, pero ambos necesitaban entender muchas cosas y, sobre todo cambiar. Y así fue que emprendieron lo que llamé "un camino de separación".
Volveré sobre esta noción en otra ocasión. ¿Será que a veces nos obligamos a olvidar cuando todavía falta comprender? ¿Qué raro orgullo es el que nos lleva a querer dar vuelta la página lo más rápido posible, quizá para no ser el que todavía está ahí, esperando, cuando el otro ya se fue? Si es que se fue, porque más veces el otro sigue ahí todavía, igual que nosotros.
Querido Lisandro, espero que estas palabras, entonces, sean un estímulo para pensar que un tratamiento no es solo para solucionar un conflicto, a partir de encontrar respuestas, ya que la terapia más eficaz es la que permite descubrir preguntas y plantear esos problemas con los que se aprende a vivir de una manera más auténtica.
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