La claridad de la mañana se acopla a la estancia, pero aun siento la noche latiendo en mis venas. Estoy rara. Con las luces apagadas en mi interior, y una leve inquietud lastimando los relojes de la memoria. Seguramente tuve pesadillas que no me animo a reconstruir. A veces me persiguen monstruos de otros tiempos y me dejan opaca y con cierta tristeza incandescente mutilando los ojos. No me atrevo a mirarme en el espejo. Me arreglo un poco pero presumo que las ojeras se expanden en mi cara y un pesar de arcaicos desamparos se trasluce en la piel.



































