Son tiempos de confusión. Las ciudades hierven de pesares y de agobios, transpirando el cemento de su monotonía. El aire enrarecido, los ceños fruncidos al cruzar la calle, la música mezclándose con los motores, la política, la economía y quien ganará las próximas elecciones, encadenan la realidad aunque el orden de los factores no altera el resultado: pesimismo, preocupación, incidiendo en los humores. Cuesta cara la sonrisa, y sin embargo de alguna manera, siempre salimos adelante. Pienso en esto mientras tomo unos amargos. Hay mucho barullo en lo cotidiano y a veces uno se olvida de mirar hacia adentro para encontrar lo que necesita.

































