Hay días en que me siento rara. Supongo que le pasa a todo el mundo… Pero yo transito ese espacio con una conciencia abrumadora. No estoy malhumorada, simplemente, RARA. Y lo peor es que se me nota mucho. Me miro al espejo y el pelo esta indomable, los ojos parecen empañados, cuesta definir el color, pero lo peor es la rosácea, apoderándose de mis mejillas sin ninguna contemplación. "Ya sé... andás loca", me digo. Sin embargo, LOCA no es el adjetivo adecuado. Tal vez ENAJENADA, es decir extraña a mí misma. Quienes más notan este estado son mis gatos y el atolondrado de mi perro Amigo, que también andan dispersos. Isuzu y Tornado se pierden en el altillo toda la mañana. A veces subo para espiarlos y asegurarme que estén durmiendo. Me ignoran, pero yo los molesto. Los acaricio, les tiro las orejas, les rasco la pancita… finalmente se rinden y aunque me miran desconfiados, acceden a bajar y hacerme compañía.





































