María, la madre de Dios, sintetiza todos y cada uno de los valores cristianos, porque es ella la que nos lleva -especialmente a los creyentes- a los grandes misterios de la fe. Y por eso, a mi modesto entender, son varios los aspectos a tener en cuenta al momento de rescatar su figura, y a la vez sumergirnos en la más respetuosa consideración de su influencia en el ánimo de la gente.
María: una presencia, un símbolo, un modelo
Un repaso por el valor de la devoción mariana en la identidad de los pueblos y su papel inspirador para fortalecer los lazos familiares en los tiempos actuales.

Y en la conducta de quienes siguen su ejemplo de entrega, consagración al prójimo y abnegación. Ese es el secreto del espíritu mariano. A saber:
* Nuestro pueblo la venera, como la veneran en los más diversos y variados lugares del mundo cristiano. En Santa Fe especialmente, pero no únicamente, en Guadalupe, como patrona de la arquidiócesis, dentro del Misterio de Cristo Salvador y de la Iglesia Madre, que concibe nuevos hijos por el bautismo y el poder del Espíritu Santo, como la pura y limpia concepción.

Se la contempla como Virgen Inmaculada y santa, como Virgen del Tránsito y como Madre Dolorosa y Misericordiosa. Ella es "Estrella de la Nueva Evangelización", de allí que se concentren en su figura numerosas expresiones festivas cargadas de admiración y de gozo.
* La existencia de los santuarios marianos ha perpetuado su ascendencia y trascendencia en la historia de Argentina y muchos países (México, Portugal, Francia, Italia, Colombia, Brasil, el listado es interminable). Son un lugar de privilegio no solo para la manifestación de la fe de un pueblo, sino para el encuentro de esa fe con la historia de cada nación.
Y en nuestro país, incluso después del proceso emancipador y de organización, muy a pesar de la influencia liberal del siglo XIX, sin afectar la fe popular y fundamentalmente sin alterar el sustrato católico cultural.
* Los santuarios realizan una función importantísima en la vida religiosa de las naciones. Un santuario que resguarde su figura, como presencia, símbolo y modelo, está fortaleciendo a su vez la unidad y la identidad de cada pueblo, como ejemplo de una "Esperanza Mariana".
Tanto la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi ("En la proclamación del Evangelio", publicada el 8 de diciembre de 1975), del papa Pablo VI, como la Conferencia Episcopal de Puebla de los Ángeles en México (inaugurada por el papa Juan Pablo II el 27 de enero de 1979) han dado la consigna de "evangelizar bajo el signo de María", como "Señora de la Historia" (o "Señora del Universo").

* Quizás en nuestros días dicha consigna se haya olvidado, pero en estos días pareciera que la fe en la María de los santuarios, como la de Lourdes, en Francia, visitada recientemente por el papa León XIV.
Pareciera que nos pide regresar a ella y recuperar su influencia, en el sentido de la gestora de "la Navidad" eterna, para iluminar todos los momentos de la vida y todas las situaciones posibles, fundamentalmente las de las familias (octubre es el Mes de la Familia).
* Con la noche de Belén, la salvación presentada por Dios personalmente -narrada por los ángeles- es ofrecida desde un hogar, como hecho cumbre en la historia de la humanidad. Fue vivida en el silencio interior de María, sí, fundamentalmente, pero también acompañada por el silencio de José. Todo se vivió desde un enfoque y una proyección familiar. Los dos juntos siempre, santificándose el uno con el otro.
* Dios no improvisa: prevé, planifica e implementa. Siempre desde y en un marco familiar, que ya empieza a aparecer en la Familia de Nazareth. Sin descuidar los límites de la Salvación de la humanidad, en especial hoy en día en una sociedad como la actual, donde las separaciones conyugales han dejado de ser situaciones de excepción.
Las nuevas uniones de los esposos separados han crecido y multiplicado alarmantemente en todas las clases sociales, en situaciones muy dolorosas, en las que los hijos deben cambiar de hogar y de familia cada semana, con los padres biológicos y suplentes, hasta cambios en cada día.
En definitiva, el significado de este mensaje es que debemos encontrar alguna luz proyectada desde el llamado "misterio navideño" (que es el de la vida), donde hubo gruta y pastores, pobres y reyes magos, animales y carencias, pero fundamentalmente mamá y papá del recién nacido: el Niño Dios, la Virgen María y San José.
En ello se basa la fe de millones. Y en los sueños de tantos José y tantas Marías guiados por Dios, con sus orientaciones y sus acciones. ¡O tan solo en silencio! Con un presente fuerte y muy significativo: el de la escucha.
El autor es diácono permanente de la Parroquia San Roque, Santa Fe.












