En este tiempo, la Iglesia nos invita a poner nuestra atención en el "Misterio del amor de Jesucristo, como centro de nuestras vidas". Sí, para que nuestra fe recupere su impulso, en medio de nuestras inquietudes y distracciones de cada día.
El valor de nuestra escucha
La importancia de escuchar va más allá de lo literal: es un acto de fe que nos conecta con el mensaje divino y nos invita a la reflexión interior diaria.

Esto implica nuestra conversión, muy unida a la cercanía de la Palabra de Dios y aceptarla con docilidad, de allí la unión entre esa Palabra de Dios y nuestro espacio de hospitalidad y transformación de cada uno.
Por el medio propicio de nuestra escucha a esa "Palabra de vida eterna" que nos lleva a plantearnos cómo es nuestra decisión de seguir al crucificado, pero resucitado, como lo hizo Jesús subiendo al Calvario, junto a dejarnos a la Eucaristía: "el corazón de Dios", a su Iglesia peregrina, sin ninguna inteligencia artificial, sino real, como junto a la cruz de madera salvadora y gratuita, de un árbol.
Debe despertar nuestra atención, en primer lugar, sobretodo en la importancia de dar diariamente un espacio a esa Palabra, por medio de la escucha, como primer signo de deseo, del interés, de la preocupación de tener relación personal con Cristo Resucitado, con la acción del Espíritu Santo.
Esto significa dejarnos educar por Dios Salvador, para poder escucharlo y a la vez reconocer que somos débiles, limitados, vulnerables, pobres. Así, con voz potente debemos hacerlo en nuestros medios y nuestras vidas, al margen de sistemas políticos y económicos; en nuestras parroquias, capillas, escuelas, comunidades pastorales.
Es un grito de esperanza y es un grito mariano, ya que también es con Ella, nuestra Madre María, como "Estrella de la Nueva Evangelización". Ella nos da el ejemplo en la visitación del Santo Rosario; María la joven y la anciana Isabel, con edades totalmente distintas, cantaron el Magnificat glorioso, proclamando el amor de Dios, que nunca mide edades, sino la fe de cada uno.
Por eso mismo, el papa León XIV nos pide volver al Santo Rosario, volver al Evangelio, porque Dios nos quiere a todos, como lo supo expresar el papa Juan XXIII. Finalmente, volviendo a la Biblia, vamos a rescatar el verdadero rostro del "Dios trino", un amigo y con "amor gratuito, para todos.
Y recordar que San José, el hombre del silencio, nos enseña que Dios nos habla siempre a través del silencio, entre trigo y cizaña del campo. Dios con su silencio nos inquieta y nos libera. Es necesario saber escuchar a Dios, aún en los momentos difíciles.
Porque oír no solo es cuestión de tímpanos saludables, sino de saber escuchar con el corazón. Dios transforma las dudas y el sufrimiento en un eficaz instrumento de salvación. ¡María y José siempre nos llevan a Jesús, al Jesús cercano y misericordioso!
El autor es diácono permanente de la Parroquia San Roque, ciudad de Santa Fe.















