La espontanea concurrencia del comercio asunceño a Santa Fe, se mantuvo hasta la década de 1720, cuando comenzó la transferencia al mencionado puerto de Las Conchas, que recibía el tráfico de cabotaje para el consumo o distribución en Buenos Aires. La ciudad del Plata presentaba cada vez mayores atractivos, no solamente para el comercio del Paraguay, sino también para los mercaderes que llegaban desde Chile y Tucumán, mientras nuestra ciudad ofrecía serias desventajas: la alarmante hostilidad de los pueblos originarios que la dejaron aislada y casi despoblada, la escasa circulación de plata y la menor disponibilidad en todos los aspectos: carretas, depósitos, alquileres, provisiones. A lo que se sumaba el dificultoso acceso a la ciudad por el riacho, dada su lejanía del curso principal del Paraná.