Tengo que romper esta historia. Quebrarla en mil pedazos para que nadie pueda reconstruirla, contarla, recordarla. Preciso exterminar las palabras que ordenadas en una secuencia lógica y a la vez, caprichosa, van delimitando una circunstancia específica: ese instante exacto en el que comencé a amarte. Es necesario suprimir los detalles. Ir despoblando ciertos aspectos para que se tornen irrelevantes los parámetros temporales y esencialmente sea barroco decir que ocurrió un lunes, viernes o domingo, de tal día, de cual mes, de aquel año.


































