Agosto es el mes de nuestro prócer máximo, el general don José de San Martín. El 17 fue el aniversario de su fallecimiento, a los 72 años, en 1850, mientras que el 24 de agosto se recuerda el nacimiento de su única hija, Merceditas, en 1816. De allí que en Mendoza, por ejemplo, se conmemora el Día del Padre para esa fecha.
Las enseñanzas y lecciones de San Martín
En un contexto donde la libertad está fragmentada, las consignas sanmartinianas cobran nuevamente gran relevancia. La figura del prócer invita a reflexionar sobre la realidad actual de los ciudadanos y el rol de los dirigentes en la búsqueda de una Argentina más justa y equitativa.

En su mes, quisiera referirme no tanto a sus hazañas militares -tan bien reconocidas y dimensionadas- sino a sus grandes lecciones, consejos y enseñanzas. No podemos hacernos los distraídos, homenajearlo y cantarle loas en decenas de actos públicos, mientras que en la realidad diaria, sobre todo la que vive la gran mayoría de nuestros gobernantes, legisladores y funcionarios, nos quedamos con eso y nada más.
Hoy, en la práctica, aquella libertad que él tanto pregonó, ayudó a construir épicamente y defendió como pocos, en Argentina pareciera ser solo para algunos pocos. Especialmente para la clase dirigente, con sus organismos o entidades afines, sus leyes y sus poderes, porque son los que tienen la posibilidad de optar, de adquirir, de decidir, de poseer.
Para los ciudadanos "de a pie", como digo siempre, esa bendita libertad está cercenada, fragmentada, rota. Dependen, si es que tienen trabajo o algún empleo -aunque sea público- de un salario cada vez menos adquisitivo, y siempre y cuando sus beneficios les pague. Incluso cuando este último es el Estado.
Imagínense, los empleados públicos: cada vez que el Estado -en sus distintos estamentos- no cumple en algo, pasa a ser un claro ejemplo de esa libertad coartada. Cada vez que eso ocurre dejamos de ser libres. Los gremios, lógicamente tranquilos, gracias. Pero festejamos la libertad que nos legó San Martín. Ahora bien, si el Estado no cumple, qué nos espera al resto de los ciudadanos.
Por eso muchas veces recurren a ejemplos específicos, como el del IAPOS en la provincia de Santa Fe pero existen, avaladas por leyes provinciales, diversas Asociaciones de Profesionales que obligan a afiliarse a sus integrantes y estos quedan así imposibilitados de exigir su derecho a la libertad de elección.
Ojo, muchos de estos profesionales son parte importante de distintos gobiernos y lo que planteo es práctica normal. Entonces, si los que nos gobiernan no tienen esa libertad,… ¿qué podemos esperar los ciudadanos de "a pie"?
Esas asociaciones colegiadas son -justamente- los llamados Colegios, ya sea de abogados, de ingenieros, de arquitectos, de contadores, los profesionales médicos (Arte de Curar), me debe faltar seguramente alguno.
Ya que existen por ley provincial, que el Ejecutivo o el organismo del Estado correspondiente, junto al Tribunal de Cuentas, a esas entidades respaldadas por el Estado provincial, les haga una auditoría para determinar si cumplen con los servicios jubilatorios, de obra social y de libertad de asociación. Por eso digo, a las máximas de San Martín no solo hay que recordarlas sino también aplicarlas:
"Seamos libres y lo demás no importa nada", "Serás lo que debas ser, de lo contrario o no serás nada", "En el último rincón de la tierra en que me hallaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad", "Siempre estaré pronto a hacer el último sacrificio por la libertad del país", "La libertad es el don más precioso que dios ha dado a los hombres", "Con la libertad no basta, es necesario el cacerola".
San Martín decía que la libertad debía ser el fin y la base sólida de toda gesta emancipadora, pero que con ello no alcanzaba si después no había dignidad, trabajo y patria.














