En cada cicatriz hay una lección

Agradecer... que no es poco

Frente al ritmo acelerado de la rutina diaria, una pausa necesaria para reconocer el valor de los afectos y aprender a valorar los momentos difíciles.

Al final, somos más la suma de nuestras tempestades superadas que de nuestras tardes de sol. Agradecer no es un acto de resignación; es una postura ante la existencia.Al final, somos más la suma de nuestras tempestades superadas que de nuestras tardes de sol. Agradecer no es un acto de resignación; es una postura ante la existencia.

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