"Y en medio del caos, que horroriza y espanta, la paz está en llanta y el peso ha bajao". Esta frase tanguera tiene casi un siglo de vida, pero ciertamente resuena como algo muy contemporáneo, de tremenda actualidad. Forma parte de las estrofas del tango titulado "Qué sapa señor", cuya letra y música compuso Enrique Santos Discépolo en 1931, y del que ya hemos dado cuenta en alguna oportunidad.
La increíble actualidad de Enrique Santos Discépolo
Compuesto en 1931 por Discepolín, el clásico "Qué sapa señor" interpela al presente con un crudo retrato sobre el descontrol social, el egoísmo y la caída de las instituciones.

Tema musical durísimo y realista a más no poder, como era costumbre en Discepolín, quien en este caso en su rol de autor eleva el dedo acusador dirigido a la "condición humana", que es la causante del caos, la desesperanza y el descontrol social. Una mirada cruda y punzante ante el derrumbe de la sociedad, la humanidad extraviada sin brújula y sin moral.
En "Qué sapa señor" no hay melodía romántica ni lirismo conformista, sino un grito desesperado "a los de arriba", que no ordenan ni responden a la bronca y la confusión. Sin fe, sin rumbo, sin valores, sin futuro, la desorientación es total, la destrucción se avecina. ¿Por qué? Muy simple: el hombre rompió lo viejo antes de ponerse a construir lo nuevo. ¿Díganme ustedes si no piensan igual?
Fiel a su estilo, Discépolo aborda toda esa compleja problemática desde la desilusión y la desesperanza, que surgen emponderadas -por usar un concepto bien actual- en el marco del cuadro sombrío que ofrece el mundo en su conjunto y ante una sociedad en absoluta decadencia (y en nuestro ámbito..."pá qué vamo hablá").
Discépolo focaliza su brutal enfoque en un espejo oscuro que todavía hoy refleja nuestro propio desorden:
"La tierra está maldita/ y el amor con gripe en cama/ la gente en guerra grita,/ bulle, mata, rompe y brama/ al hombre lo ha mareao/ el humo al incendiar/ y ahora entreverao / no sabe donde va/ voltea lo que ve/ por gusto de voltear/ pero sin convicción... ni fe"
El arranque de este tango es definitivo, lapidario diría, frente a la falta de esperanza o sea que ya no es conflicto puntual, sino un mal estructural, donde ya no hay piezas que funcionen en una maquinaria seriamente dañada y con escasas posibilidades de ser reparada.
Decir que la tierra está maldita no es decoración, es decir en silencio porque que todo lo que en la vida se necesita está dañado. La tierra herida sangra por los continentes y el rayo imaginario, no es natural, ni divino, es provocacion.
La violencia no cesa, el odio arrasa, "la ambición no descansa", la ruptura tiende a ser total y el grito ensordecedor no demora en llegar. Hagámonos cargo, no podemos salir librados de esta. El amor como símbolo de unión y cuidado está "en cama y con gripe"; no murió... pero está imposibilitado de actuar y la violencia endemoniada se manifiesta en la reacción de la gente cual animal en estado salvaje.
No escapan de esta convulsión generalizada las guerras, el progreso desmedido sin justificar medios, la espiral de la mentira constante es la resultante de la perdida de la noción del destino. La confusión es tremenda, nadie sabe lo que hace, ni porque lo hace. Para mejorar, destruye no por convicción ni por fe, porque tampoco sabe lo que destruye ni para qué:
"¿Qué sapa señor?/ Que todo es demencia/ los chicos ya nacen/ por correspondencia/ y asoman del sobre/ sabiendo afanar.// Los Reyes temblando/ remueven el mazo/ buscando un yobaca/ para disparar (…)// Y en medio del caos/ que horroriza y espanta/ la paz está en llanta/ y el peso ha bajao".
No es una oración, es un grito de estupor, de desesperación, de auxilio. Se implora al Señor, a nuestro Dios, a la ley, a la moral y al orden. ¿Dónde está la razón que el mundo dejó de gobernar bajo el manto demencial?
Nada es lógico; nada es humano. Reina la crisis en el final de una sociedad que normalizo la trampa y el "afano" es materia corriente y está al alcance de cualquiera porque el delito no se aprende…se hereda y se expande por rasgos genéticos.
El poder político económico es solo simbólico, un enunciado y fiel a su estilo barajan, especulan y buscan la forma de exiliarse, llegado el caso, desprenderse y escudarse en el "yo no fui", pero lo hecho, hecho está con un panorama desolador: la paz pinchada, una economía por el piso, el miedo manda y nadie protege a nadie:
"¿Qué sapa Señor?/ que ya no hay borbones/ las chicas se han puesto/ peor que los varones/ lo embrollan al hombre/ que tira boleao/ lo ven errar lejos/ a un dedo del sapo/ y en vez de ayudarlo/ lo dejan colgao.// Ya nadie comprende/ si hay que ir al colegio/ o habrá que cerrarlos para mejorar"
La ausencia de Borbones no se refiere a la monarquía, es un simbolismo que utiliza Discépolo refiriéndose a la pérdida de autoridad, referencia y orden. Una "vacante" sin cobertura. El hombre, cansino, transita por la orilla misma del precipicio.
Lo doloroso del momento es la reacción social: se lo ve equivocarse pero no se lo ayuda, la caída está anunciada, pero mejor hacer la "vista gorda" y mirarlo de lejos. Se le abrió la puerta a la crueldad moderna, una sociedad que adquirió la manía de no tender la mano... y si la da, es porque está "enjabonada".
Se pone en duda la acción de la escuela, una duda desbastadora: la educación, símbolo de futuro y formación, no es vista como salida, sino que es cuestionada y nadie cree en ella. Catastrófico sería el cierre de los colegios; renunciar a pensar, aprender y mejorar. Es la aceptación misma de la derrota definitiva.
"Qué sapa señor" no es un tango de época, es una radiografía amarga de la condición humana cuando pierde sus valores, fe y responsabilidad que obliga a una mirada en el espejo. "Qué sapa señor" no describe solo un mundo en crisis, va más allá: describe un mundo que ya cruzó el límite.
¿La humanidad está confundida? Tal vez, pero es la propia humanidad la que eligió romper antes de construir; negar antes de asumir responsabilidades. Por eso estamos ante un problema sumamente grave, la antesala de la normalización del derrumbe. Entonces no acusemos al destino ni a Dios: es el hombre el único responsable de su extravío.
"Saber afanar" no es una metáfora exagerada, es la confesión de una sociedad que no supo trasmitir los valores, el gobierno tiembla pero se protege y cuando ya no existe la necesidad y valentía de ayudar, la comunidad deja de existir. Lo más grave, lamentablemente cuando se pone en duda el sentido de la educación, es porque el futuro ya no interesa, es tiempo perdido.
Discépolo escribió y grabó este tango en 1931. Salvando la distancia, su visión de la realidad no dista mucho de la actual, y lleva implícita una advertencia de la que lastimosamente no nos hemos dado cuenta en casi cien años: si el hombre no recupera conciencia, fe y responsabilidad, no será el mundo el que se termine, será la humanidad la que se vuelva inhabitable.
Hasta la próxima.












