La crisis de 1930 en Argentina dejó bastante "tela para cortar" -en todo sentido- y los poetas del tango, ni lerdos ni perezosos, echaron mano a sus creaciones, que fueron muchas. Una de ellas fue "Al mundo le falta un tornillo", una creación compartida entre un uruguayo y un argentino.
Al mundo le falta un tornillo...
Con humor amargo y lunfardo, la célebre obra retrata el impacto social de la crisis de 1930 y conserva una vigencia asombrosa en la cultura popular argentina. La sátira poética desnuda la pérdida de valores y la desesperanza de una época difícil, transformando el desamparo popular en una comedia trágica inolvidable.

El título tiene que ver con tener "flojos los tornillos", o "faltarle a uno un tornillo", que son frases figuradas y familiares de origen español. En el común de la gente, directamente, y de "frente march", significan "estar loco"; "tener filtraciones en la azotea"; "estar rayado". Tener "flojas las chapas" y otras más.
En cuanto a los creadores, por el lado "charrúa" está José María Aguilar, autor de la música, uno de los tres sobrevivientes acompañantes de Carlos Gardel en el fatídico accidente de Medellín que le costó la vida al "Zorzal" criollo, entre otros. Y la letra corrsponde a nuestro compatriota Enrique Cadícamo.
Justamente,Cadícamo utilizó metáforas y un lenguaje coloquial para descubrir un mundo donde todo parece haber perdido sentido, haciendo crisis y alterando las estructuras sociales y económicas (al punto tal que hasta los honestos se vieron forzados y obligados a cruzar de vereda, para afrontar la situación de manera deshonesta para sobrevivir).
Efectuada la presentación en sociedad, veamos de qué se trata este enorme y emblemático "Al mundo le falta un tornillo", donde el lunfardo y la ironía se mezcla con la desesperanza social. Es de 1933, pero suena actualísimo,... ¿no lo creen?
No solo se trata de un lamento porteño, sino de una fotografía de la descomposición social; el desempleo; la miseria; el descreimiento en las instituciones; la corrupción y la sensación que todo funciona mal o directamente no funciona.
El poeta utiliza la sátira hasta con tono grotesco pero dejando al descubierto el dolor de un pueblo olvidado. Insisto y espero me disculpen: ¿no creen que es una situación que mantiene su actualidad?:
"Todo el mundo esta en la estufa/ triste amargao y sin garufa neurasténico y cortao/ Se acabaron los robustos, si hasta yo que daba gusto, cuatro kilos e bajao/ Hoy no hay guita ni de asalto/ y el puchero esta tan alto que hay que usar el trampolín/ Si habrá crisis, bronca y hambre, que el que compra diez de fiambre/ hoy se morfa hasta el piolín".
De entrada, aparece en escena "el libro de quejas del arrabal". El autor define el clima: se apagó la alegría (la garufa), desapareció la chispa en el barrio y por ende faltan a la cita los compadritos sobradores y las risas en el café.
No se encierran por el clima pero prefieren la comodidad de la " estufa", para cocinar en su propia pena el hastío del alma. Toda la escena "melancólica" amenizada por el compás lento de un "cortao", seco y loco, en un pueblo sin rumbo.
Aparece el hambre en su máxima expresión: el espejo que denota la falta de "olla", falta el orgullo y no hay ambiente para el festejo, la guita no alcanza, la vida se disparó y hasta el plato más humilde "el puchero" quedo fuera del alcance popular.
Metafóricamente y de manera burlona, la pobreza extrema resalta la necesidad de utilizar un elemento que lo catapulte: el "trampolín con un triple salto mortal y caer de pie" no obstante queda como último recurso un buche con el piolín del fiambre.
"Hoy se vive de prepo y se duerme apurao/ Y la chiva hasta Cristo se la han afeitao/ Hoy se lleva a empeñar al amigo más fiel/ nadie invita a morfar todo el mundo en el riel/ Al mundo le falta un tornillo... que venga un mecánico/ ¿Para qué Don Carlos?/ Pa´ ver si lo puede arreglar".
Dos crudas realidades: vivir como se puede para sobrevivir y trabajar sin descanso y el poeta echa mano a una ironía religiosa: "la chiva de Cristo", simbolizando que ni lo sagrado se respeta, todo trastocado, todo sin sentido, "todo podrido, sin rumbo y la intriga… dónde iremos a parar".
La crisis corroe lo moral. Las casas de empeño ya no reciben anillos ni joyas y se vieron obligados -metafóricamente- a habilitar otro rubro: "a los amigos" símbolo de la traición forzada por la miseria.
No hay invitación, no hay solidaridad, el rumbo es incierto y las puertas del precipicio aguarda expectante el desenlace. El desconcierto y la duda son totales y mortales y hasta se duda de la salvación y, sarcásticamente, surge el aullido de buscar a un mecánico como solución:
"Qué sucede mama mía, se cayó la estantería o San Pedro abrió el portón/ la creación anda a la piñas y de pura arrebatiña apoliya sin colchón/ El ladrón es hoy decente a la fuerza se ha hecho gente ya no encuentra a quien robar/ Y el honrao se ha vuelto chorro porque en su fiebre de ahorro, el se afana por guardar/ Al mundo le falta un tornillo… que venga un mecánico… pa' ver si lo puede arreglar".
Que "se caiga la estantería" es sinónimo de que el caos es total y todo se fue al diablo (expresión si se quiere recatada y decente) podría interpretarse como que Dios da una mano, soltó el desastre y así como "siempre que llovió paró", simbólicamente significaría que "ahora viene lo mejor".
Sin embargo la pelea de supervivencia es universal, el desamparo es total y fíjense al estado que se ha llegado que hasta quedaron desocupados los ladrones por cuanto ya no hay que robar y deben gestionar la asistencia monetaria del estado por falta de laburo sucio para poder morfar. La crisis es el común denominador, la sociedad está confundida y todos encasillados en victimas y culpables.
Se degradó la honestidad y se cambiaron los roles, el tipo ejemplar pasa a ser un vulgar ladrón pero su accionar no es delictivo, porque lo hace legalmente bajo la excusa del ahorro o de su supervivencia. ¿Caben dudas, acaso, que este tango transformó la miseria en una comedia trágica?
Transformando a través del encadenado de sus versos los problemas sociales y económicos con ironía y humor, para montar una crítica mordaz de la realidad, la caída de los valores y la impotencia ante la injusticia.
No hay héroes ni culpables, todos son engranajes sueltos de una maquina rota con diagnóstico universal preocupante. Una mirada en el tiempo que sigue vigente, un transcurrir de épocas donde el hombre vuelve a desajustarse, y buscar, sin poder hallar, un mecánico que le devuelva el alma, la paz y la tranquilidad.
Nos vemos en la próxima.
El mecánico del mundo (*)
Don Juan no dormía. Se acostaba apurado, como si el tiempo fuera un acreedor plantado en la puerta de su conventillo. En el Buenos Aires de la crisis, la vida se vivía de prepo. En el patio, el olor a miseria lo inundaba todo: la plata andaba de asalto, escondida en los bolsillos de unos pocos, mientras los demás hacían malabares con el hambre.
El desalojo del taller estaba anunciado. Desesperado, Juan miró a su alrededor buscando algo de valor. No quedaba nada. Con el corazón quebrado, tomó del cogote a su perro fiel, el único compañero que jamás lo había juzgado, y enfiló hacia la casa de empeños. En la esquina de Corrientes, Juan se detuvo en seco.
El espectáculo era dantesco. Un grupo de hombres de traje raído y ojos desorbitados remataban un pedazo de asfalto. Al lado, un lunático con un martillo intentaba enderezar la sombra de un farol. La gente pasaba de largo, habituada a la demencia cotidiana de una sociedad que había perdido el eje. Juan soltó la soga del perro, se tomó la cabeza y miró al cielo gris, gritando la verdad que todos callaban:
- ¡Al mundo le falta un tornillo! ¡Que venga un mecánico, a ver si lo puede arreglar!
Nadie se dio vuelta. El taller del planeta estaba cerrado por quiebra, y la locura era el único repuesto que quedaba disponible.
(*) Extraído de un concurso de cuentos de tangos.












