Con la llegada de Javier Milei a la presidencia de la Nación, la obra se paralizó a la orden del "no hay plata" y "obra pública cero". Comenzó, entonces, una serie de vaivenes entre gobierno central y provincia. En primera instancia, a sólo días de asumir Maximiliano Pullaro como gobernador, Santa Fe solicitó el traspaso a la provincia de manera temporal el Centro Federal Penitenciario, y ofreció hacerse cargo de la finalización de la obra. "Si nos entregan la obra, la ponemos operativa en una semana", había dicho el ministro de Seguridad de Santa Fe, Pablo Coccocioni. Pero la Nación no aceptó con el argumento de que los recursos con los que se habían financiado los trabajos eran ciento por ciento nacionales.