Y así como en aquel momento trabajamos en ese universo, hay otro universo discriminado, pero a la vez invisibilizado, que es el de las personas mayores. Nadie lo siente como una discriminación. Pero es como que la edad hace dejar de lado los conocimientos, la expertise, y nos convierte solamente en abuelos; aunque quizás ni tengamos nietos. Hay una discriminación que socialmente está naturalizada, y que deviene en la pérdida de derechos. Más todas las barreras que hay, que no solo son físicas, sino también por ejemplo en lo tecnológico. Las app son muy útiles, pero no pueden ser la única opción para resolver cosas, porque eso deja afuera a muchas personas o las obliga a tener que pedir ayuda: es decir, las coloca en situación de vulnerabilidad, no pueden valerse por sí mismas. Y esto abarca cuestiones como hasta pedir comida, o tomarse un taxi. Entonces, igual que en lo arquitectónico, necesitamos que todo sea accesible para todos. Y a eso apunta el texto base para un proyecto de ley que elaboramos desde la Universidad, y que va a ser tomado por Diputados para su tratamiento.