"Imagínense que las bandas de narcotraficantes y sicarios podían recibir visitas de hasta 10 horas de toda la familia, amigos y allegados donde podían entrarles cuantos bienes y objetos quisieran; y además paseaban por centros de salud y tribunales cada vez que le dolía la cabeza o una muela. Ahora, el recluso de alto perfil tiene una visita solo de 30 minutos con un blindex de por medio, sin contacto físico, y con la prohibición de ingresar objetos o mercaderías. Además, las requisas se realizan no solo con mayor frecuencia sino con más intensidad, algo que con nuestras directivas cambió diametralmente: antes había que tener cuidado si se rompía algo porque un preso los podía denunciar, mientras que ahora tienen indicado ir a fondo contra el contrabando y ser muy rigurosos en el control de las visitas en cuanto al ingreso de elementos prohibidos", detalló Cococcioni.