El choque de discursos, que se fundó en una legítima exhibición de discrepancias, o de distinguir claramente las propuestas de gobierno, produjo espanto por la virulencia que llegó a asumir. Sobre todo de parte del team de Patricia Bullrich, llevando a Horacio Rodríguez Larreta a recurrir una y otra vez al sonsonete de que "nunca" criticó a otro dirigente del espacio, ni lo piensa hacer. Parte de esa dialéctica permanece en los spots de campaña, fieles a sus respectivos estilos: "Si estuviéramos en un país normal, tal vez alcanzaría con un buen administrador o un técnico de la economía. Pero no estamos en un país normal", desafía el de Bullrich, con potencia silogística e impecable conjugación. Larreta, por su parte, busca eliminar cualquier intento de asociar moderación con remilgo, y capitalizar la experiencia de gestión: "Algunos hablan de bajar impuestos", mientras que (nosotros) "vamos a hacerlo, porque ya lo hicimos".