Habitualmente existen tratamientos alternativos para cada caso y generalmente tienen los mismos beneficios comprobados para los pacientes, pero con una brecha de costos muy amplia entre sí. Ahora bien, lo llamativo es la disparidad que existe en los criterios de indicación entre los profesionales médicos, mientras la mayoría se inclina por la elección de terapias clásicas con años de uso y comprobación científica, unos pocos optan por utilizar nuevos desarrollos que no solo tienen costos elevadísimos para la obra social, sino que, en muchas ocasiones, cuentan con un pobre aval científico para el uso en la patología indicada.