- Sí, quizás termine siendo, más allá del corto período de siete meses, la parte más difícil de la tarea de presidir la Cámara. Obviamente, la primera etapa fue tremendamente complicada por las circunstancias que se dieron después de la muerte de Miguel (Lifschitz). En términos políticos nos enfrentamos a un año electoral con características muy particulares, donde -a priori- parecen asomar cambios muy importantes en lo nacional y en lo provincial, o por lo menos una pelea fuertísima. Además habrá un protagonismo en candidatura de muchos y muchas de los que hoy están en las bancas de esta Cámara. Habrá una tensión particular pero nos hemos comprometido, a partir de la elección que se hizo el miércoles, a sostener el trabajo legislativo porque lo necesita también la provincia. Nos parece un pésimo ejemplo lo que ocurre a nivel nacional donde el Congreso está prácticamente paralizado por las diferencias políticas. No es bueno para las instituciones democráticas y no es bueno para las necesidades tan urgentes y acuciantes que hay hoy.