Contra el rumbo que el propio gobierno nacional se había trazado en enero, mayo muestra que no se han cambiado los objetivos planteados en su política energética, pero sí que se han postergado. Y que el recurso de patear la pelota para adelante, tan común en las últimas décadas, pese a tantos discursos y debates respecto del cambio aún domina la agenda. Queda para más adelante el aumento de las tarifas a los usuarios residenciales de los de ingresos más bajos y de la sobreviviente clase media (que hoy tienen subsidios estatales de alcance similar a los pobres), otro tanto sucede con los pagos a las empresas generadoras con las que el Estado nacional tiene deudas crecientes que pretende cubrir con papeles en lugar de dólares y, sobre todo, para dar alguna señal clara a los inversores respecto de un asunto al que casi nadie presta atención y es clave: la explotación de las centrales hidroeléctricas del sur patagónico. Conviene repasar cada decisión asumida por el gobierno nacional, desde una óptica santafesina.

































