Entender a una madre que vio morir a su hijo desangrado en sus brazos es algo imposible. Más aún cuando su instinto de madre le hacía temer por él, especialmente por una mujer a la que Ayrton temía a pesar de su juventud. Una tragedia irreparable: un joven de 21 años asesinado por su exnovia de 18. Esto no es justificable bajo ninguna circunstancia.



































