La calma del domingo se quebró en apenas un puñado de minutos en Esperanza. Primero, un llamado desconcertado; después, una carrera desesperada; finalmente, dos escenas separadas por kilómetros pero unidas por un mismo hilo de violencia. El barrio La Orilla amaneció con un silencio extraño, el tipo de silencio que anticipa algo que nadie quiere escuchar.



































