En pocos días, delincuentes pegaron fuertes golpes bajos en humildes clubes de barrio de las ciudades de Santa Fe y Santo Tomé. Los perjuicios no son millonarios, pero son invaluables para las precarias economías de instituciones carentes de recursos. Estas entidades deportivas se sostienen por un puñado de vecinos que dejan el alma para brindar contención a centenares de chicos y chicas que se forman allí como deportistas y como personas. Los dirigentes coinciden al señalar que el impacto es demoledor, pero no bajarán los brazos.



































