Palpitaciones, falta de aire, opresión en el pecho, temblores, mareos y una sensación intensa de angustia pueden aparecer tanto durante un episodio de ansiedad como en un ataque de pánico.
Ansiedad y pánico: cuáles son las diferencias y cómo reconocer cada episodio
Conocer la duración y las manifestaciones del malestar resulta clave para buscar ayuda profesional a tiempo y saber acompañar a quien atraviesa un episodio.

Por eso, en el lenguaje cotidiano es frecuente utilizar ambas expresiones como si significaran lo mismo. Sin embargo, la médica psiquiatra María Verónica Prendes señaló que existen diferencias concretas entre ambos fenómenos, especialmente en la forma en que aparecen y en la intensidad que alcanzan.
La especialista explicó que "ataque de ansiedad" es una expresión muy utilizada en el lenguaje cotidiano, pero no constituye una categoría diagnóstica específica.
Habitualmente se emplea para describir un aumento importante de la ansiedad, que puede estar relacionado con una preocupación, un conflicto o una situación estresante.
El ataque de pánico, en cambio, presenta características clínicas más definidas. Se inicia de manera brusca, alcanza una intensidad muy elevada en pocos minutos y puede estar acompañado por síntomas físicos y psicológicos muy intensos.

Ansiedad y pánico: qué diferencia cada ataque
Una de las principales diferencias está en la forma en que comienza cada episodio. La ansiedad intensa puede instalarse de manera progresiva y permanecer durante un período prolongado.
Una persona puede atravesar horas o incluso días con preocupación excesiva, tensión muscular, irritabilidad, dificultades para dormir, problemas de concentración o sensación de estar permanentemente alerta.
También pueden aparecer molestias digestivas, cefaleas, palpitaciones y sensación de opresión. En estos casos, los síntomas pueden aumentar gradualmente y mantenerse durante más tiempo.

El ataque de pánico, en cambio, suele aparecer de manera repentina. Según explicó Prendes, alcanza su máxima intensidad en pocos minutos. Durante ese momento, las sensaciones pueden resultar especialmente difíciles de interpretar para quien las experimenta.
Entre los síntomas físicos más frecuentes se encuentran las palpitaciones o taquicardia, falta de aire o sensación de ahogo, opresión o dolor en el pecho, sudoración, temblores, mareos, náuseas, hormigueos, escalofríos o sensación de calor.
A esto pueden sumarse manifestaciones psicológicas muy intensas. La persona puede sentir que está perdiendo el control, que va a desmayarse, que está atravesando un problema cardíaco o incluso que puede morir.
También pueden aparecer sensación de irrealidad o de estar desconectado de uno mismo, además del miedo a "volverse loco".
Aunque el ataque de pánico suele disminuir progresivamente después de alcanzar su punto máximo, la persona puede permanecer cansada, asustada o con malestar durante bastante tiempo.
La ansiedad intensa, por su parte, puede sostenerse durante horas, días o incluso períodos más prolongados cuando existe una situación de estrés persistente o un trastorno de ansiedad.

¿Por qué se confunden?
La confusión tiene una explicación sencilla: ambos episodios comparten muchos síntomas. Las palpitaciones, la sensación de falta de aire, la opresión en el pecho, los temblores, la sudoración y los mareos pueden presentarse tanto en un episodio de ansiedad intensa como durante un ataque de pánico.
Además, en la vida cotidiana es habitual utilizar la expresión "ataque de ansiedad" para referirse a cualquier momento de ansiedad muy intensa.
Para Prendes, el punto diferencial está especialmente en la aparición y en la intensidad. Mientras que la ansiedad puede crecer de manera progresiva y permanecer durante un período prolongado, el pánico suele comenzar abruptamente y alcanzar rápidamente un nivel muy elevado.

Cuándo consultar y qué hacer durante una crisis
No todas las personas que atraviesan ansiedad intensa desarrollan ataques de pánico. Una persona puede experimentar niveles elevados y sostenidos de ansiedad sin llegar a presentar el pico súbito característico del pánico.
Sin embargo, cuando estos episodios empiezan a repetirse o interfieren con la vida cotidiana, es importante realizar una evaluación profesional.
La especialista señaló como indicador relevante el impacto que tienen los síntomas sobre el trabajo, los vínculos, el descanso, la vida social o las actividades habituales.
En el caso del trastorno de pánico, puede aparecer además lo que Prendes denomina "miedo al miedo". La persona comienza a preocuparse constantemente por la posibilidad de volver a sufrir un ataque y puede llegar a evitar determinados lugares o situaciones por temor a que vuelva a ocurrir.

También es importante prestar atención cuando los síntomas persisten durante semanas o meses, generan conductas de evitación, llevan al uso frecuente de alcohol o medicación para poder afrontar determinadas situaciones o provocan un deterioro significativo de la calidad de vida.
Ante una crisis, la persona que acompaña puede cumplir un papel importante. La recomendación de la especialista es mantener una actitud tranquila y permanecer junto a quien está atravesando el episodio.
Hablar con frases simples y transmitir que está acompañada puede ayudar.
También puede ser útil llevarla a un lugar tranquilo, reducir los estímulos y favorecer una respiración lenta y pausada. No es recomendable exigirle que "se calme" ni imponerle ejercicios si eso aumenta su angustia.
Del mismo modo, Prendes aconsejó evitar expresiones como "no te pasa nada" o "es todo psicológico". Aunque el origen pueda estar relacionado con la ansiedad, las sensaciones que experimenta la persona durante una crisis son reales.

Cuándo no asumir que se trata de ansiedad
Hay una consideración especialmente importante cuando aparecen síntomas físicos. Si una persona presenta por primera vez manifestaciones intensas, como dolor en el pecho, dificultad respiratoria, pérdida de conocimiento u otros signos llamativos, no debe asumirse automáticamente que se trata de ansiedad o de un ataque de pánico.
Según explicó Prendes, en esos casos es necesario descartar causas médicas. Lo mismo ocurre cuando los síntomas son muy intensos, diferentes de los episodios anteriores o existen dudas sobre su origen: corresponde solicitar asistencia sanitaria.
Una vez superada la crisis, si los episodios se repiten, la recomendación es consultar con un profesional de salud mental. La especialista destacó que tanto los trastornos de ansiedad como el trastorno de pánico cuentan con tratamientos eficaces.
La diferencia entre ansiedad intensa y pánico no pasa solamente por ponerle un nombre a lo que ocurre. Reconocer cómo aparece, cuánto dura, qué síntomas provoca y cuánto interfiere en la vida cotidiana puede ayudar a identificar cuándo se trata de un episodio puntual y cuándo es necesario buscar una evaluación profesional.









