Nunca se habló tanto de salud mental como ahora. Y, sin embargo, pocas veces se la entendió tan mal.
No todo es TDAH: cuando la salud mental se convierte en una etiqueta
La salud mental no es una moda ni una identidad. Es un campo clínico serio, que requiere tiempo, escucha y formación.

En el consultorio esto se ve con claridad. Cada vez con más frecuencia llegan pacientes que no sólo traen un malestar —ansiedad, cansancio, dificultades para concentrarse— sino también un diagnóstico armado de antemano. "Creo que tengo TDAH", "soy autista", "tengo un trastorno de ansiedad generalizada". No lo dicen desde la duda, sino desde una certeza construida en redes sociales, videos de un minuto o listas de síntomas que parecen encajar demasiado bien.

El problema no es que la gente se interese por su salud mental. Eso, en todo caso, es un avance. El problema es la simplificación. Confundir síntomas con diagnósticos es como confundir fiebre con infección: algo puede estar pasando, sí, pero no necesariamente es eso que uno cree.
Distraerse no es lo mismo que tener TDAH. Sentirse abrumado no es lo mismo que tener un trastorno de ansiedad. Estar triste no es lo mismo que estar deprimido. La psiquiatría no trabaja con etiquetas sueltas, sino con procesos complejos, evaluaciones clínicas y contextos personales. Un diagnóstico no es un rótulo para explicarse mejor en una conversación; es una herramienta médica que orienta tratamiento.

Hay algo más que merece ser dicho: no todo malestar necesita un nombre clínico. Vivimos en una época de sobreexigencia permanente, donde se espera que una persona rinda, produzca, se vea bien, esté emocionalmente estable y, además, sea feliz. Bajo esas condiciones, sentirse cansado, irritable o desbordado no es una patología en sí misma. Muchas veces es una respuesta esperable.
Las redes sociales, en este punto, juegan un doble papel. Por un lado, ayudan a visibilizar temas que antes eran tabú. Por otro, tienden a reducir la complejidad a frases simples, listas rápidas y diagnósticos "amigables". Lo que debería invitar a consultar se convierte, muchas veces, en una etiqueta que tranquiliza momentáneamente pero confunde a largo plazo.
Nombrar algo puede dar alivio, pero también puede encerrar. Cuando alguien se define a sí mismo a partir de un diagnóstico que no fue evaluado correctamente, corre el riesgo de limitar su propia mirada: "soy así porque tengo esto". Y no siempre es así.

La salud mental no es una moda ni una identidad. Tampoco es un conjunto de categorías que uno puede elegir según lo que siente un día determinado. Es un campo clínico serio, que requiere tiempo, escucha y formación.
Tal vez la pregunta no debería ser "¿qué tengo?", sino "¿qué me está pasando?". Ese pequeño cambio abre otra posibilidad: entender en lugar de etiquetar.
En un contexto donde todo parece tener que explicarse rápido, quizás el verdadero desafío sea tolerar la complejidad. Porque no todo es TDAH. Y, sobre todo, no todo necesita serlo.
Para conocer más -Instagram: @veroprendes










