Reconocer que una relación genera malestar no siempre alcanza para modificarla. Hay personas que identifican dinámicas que afectan su bienestar emocional, pero aun así permanecen en ellas o vuelven a establecer vínculos similares.
Por qué repetimos vínculos que sabemos que nos hacen mal, según una psicóloga
Niki Belizan Viotti, licenciada en Psicología, explica cómo se construyen ciertos patrones afectivos, qué factores influyen y qué pasos pueden ayudar a modificarlos.

Para Niki Belizan Viotti, licenciada en Psicología, comprender ese comportamiento requiere mirar más allá de una única causa y revisar los patrones que se incorporan a lo largo de la vida.
“Es superimportante que cada vez vayamos teniendo más conciencia de por qué nos vinculamos de determinadas maneras”, explicó la profesional. En ese sentido, señaló que actualmente existe mucha información sobre patrones vinculares y heridas emocionales, pero que todavía persiste la dificultad de reconocer qué lleva a una persona a quedar atrapada en determinadas dinámicas.

La especialista remarcó que esos modos de relacionarse pueden estar asociados a experiencias que resultaron conocidas durante distintas etapas de la vida. Por eso, uno de los desafíos consiste en identificar aquellas respuestas que aparecen de manera automática para empezar a revisarlas.
Cuando dejar un vínculo no parece una opción
Las razones que llevan a una persona a permanecer en una relación que le provoca sufrimiento pueden ser diversas. Belizan Viotti mencionó factores económicos y relacionados con la calidad de vida, pero también situaciones vinculadas con la autonomía, las rutinas construidas y la incertidumbre que puede generar un cambio.
“Hay distintas razones por las cuales una persona se puede quedar dentro de un vínculo que duela o que haga mal, aunque sea muy evidente”, sostuvo.
Dentro de esa complejidad, la psicóloga destacó el papel que tienen las posiciones subjetivas que cada persona ocupa dentro de una relación. La cuestión, según indicó, no pasa solamente por identificar qué hace el otro, sino por observar qué sucede con las propias respuestas frente a determinadas situaciones.
En ese punto aparece una herramienta central: la conciencia. La especialista comparó estos comportamientos con el aprendizaje de conducir. Al principio es necesario prestar atención a cada movimiento, pero con el tiempo muchas acciones se vuelven automáticas.
“Ahora, la conciencia viene justamente de la pregunta”, afirmó. Según planteó, preguntarse qué ocurre frente a una situación que se repite permite detectar cuándo una respuesta conocida contribuye a mantener una dinámica.
El desafío de gestionar las emociones
La ansiedad, los celos o la incertidumbre no necesariamente son señales de que una relación sea dañina. Para Belizan Viotti, el punto relevante está en qué hace cada persona con aquello que siente y en cómo expresa esas emociones dentro del vínculo.
“Es malo que una relación me genera ansiedad. No, no es malo. Per sé que se genera ansiedad. En todo vínculo puede haber ansiedad. Ahora, ¿qué hace uno? ¿Cómo gestiona uno a esa ansiedad? Ahí hace la diferencia”, explicó.

La profesional también señaló que actualmente existe una tendencia a interpretar rápidamente determinadas situaciones como señales definitivas para abandonar una relación. Frente a eso, consideró que otro desafío consiste en aprender a construir y atravesar los momentos de dificultad. “Hoy en día cuesta mucho la tolerancia, decir rápidamente, ‘No, esto está mal, red flag, chau’”, sostuvo.
Esto no significa justificar comportamientos que dañen a una persona, sino poder diferenciar entre una emoción y la manera en que se responde a ella. Para la especialista, expresar lo que ocurre y generar un espacio donde esas emociones puedan ser abordadas permite trabajar sobre la relación sin quedar únicamente en la reacción inmediata.
Poner límites
Desde su experiencia en el consultorio, Belizan Viotti indicó que estas situaciones aparecen entre los motivos frecuentes de consulta. Una de las cuestiones que propone observar es la manera en que cada persona establece y comunica sus límites.
“Sí les podría decir que observen de qué manera ponen límites, si les cuesta poner límites, si los comunican, si prefieren no ir al conflicto y no decirlo, porque eso muchas veces hace que las dinámicas continúen”, dijo.

También planteó la importancia de poder expresar necesidades concretas: compartir más tiempo, contar con momentos individuales, mantener espacios con amigos o definir qué lugar ocupa cada necesidad dentro de la relación.
La psicóloga vinculó este aspecto con la necesidad de contar con distintas áreas de bienestar personal. El trabajo, los estudios, las amistades, la familia, el deporte o los intereses individuales pueden formar parte de una vida que no dependa exclusivamente de una relación para encontrar estabilidad.
Hablar también puede ser un primer paso
Cuando una persona todavía no está preparada para iniciar una terapia, recurrir a un entorno de confianza puede ayudar a poner en palabras aquello que sucede. La especialista explicó que conversar con amigos, familiares o personas de confianza permite salir del aislamiento y comenzar a revisar determinadas situaciones.
“Ya empezar a hablarlo con amigos, con familia, personas que uno confía en el trabajo, dentro de un entorno seguro poder expresarlo, ya empieza a hacer que eso se cuestione”, afirmó.

La terapia, agregó, puede brindar herramientas para avanzar en ese proceso y trabajar sobre las respuestas frente a emociones difíciles. En esa línea, propuso comenzar por preguntas concretas relacionadas con los propios comportamientos: qué hacer cuando aparece la ansiedad, cómo reaccionar frente al enojo o qué estrategias utilizar cuando una situación impide descansar.
“Es como el inicio de proponernos cambiar”, resumió.
Modificar patrones de relación no es inmediato. Identificar una conducta y transformarla requiere tiempo, observación y disposición para atravesar momentos incómodos. La especialista remarcó que ese proceso puede implicar revisar aprendizajes personales y aceptar que cambiar una dinámica conocida no siempre resulta sencillo.
“Hay que ser pacientes en esto porque no es de un día para el otro. El proceso es complejo”, concluyó.











