Sentir que el corazón late más rápido de lo habitual, que “salta” un latido o que hace una especie de aleteo en el pecho puede generar preocupación e incluso miedo.
¿Sentís que el corazón se acelera o salta latidos? Cuándo es normal y cuándo puede ser una arritmia
Las palpitaciones son una consulta frecuente y no siempre significan un problema grave. Especialistas explican por qué aparece la sensación de “corazón acelerado”, cuáles son las causas más comunes, qué señales requieren atención médica y qué tratamientos existen para recuperar la tranquilidad.

Muchas personas interpretan esa sensación como una señal de un problema cardíaco serio, pero la realidad es que no todos los episodios de palpitaciones representan una enfermedad.
En muchos casos se trata de alteraciones del ritmo cardíaco que son frecuentes y tienen tratamiento.
La clave está en reconocer qué ocurre, cuándo aparece y qué síntomas acompañan esa aceleración.
Un corazón acelerado puede ser una respuesta normal frente al ejercicio, el estrés o una emoción intensa, pero también puede estar relacionado con una arritmia, es decir, una alteración del ritmo normal del corazón.

Según explica Divya Korpu, especialista en Medicina Cardiovascular del Sistema de Salud de Mayo Clinic, las arritmias se dividen principalmente en dos grandes grupos: las que hacen que el corazón lata demasiado rápido y las que provocan un ritmo demasiado lento. Dentro de las primeras se encuentran muchas de las consultas por palpitaciones.
Palpitaciones: por qué aparecen y qué situaciones pueden desencadenarlas
Una palpitación es la percepción consciente de los propios latidos. Algunas personas sienten que el corazón “corre”, otras describen una sensación de golpes fuertes en el pecho, pausas breves o latidos irregulares.
Estos episodios suelen hacerse más evidentes durante la noche o cuando la persona está acostada, porque hay menos estímulos externos que distraigan la atención.

En adultos jóvenes, especialmente entre los 20 y los 50 años, puede ocurrir que la frecuencia cardíaca aumente de manera repentina desde valores normales hasta alcanzar entre 180 y 200 latidos por minuto.
Esa aceleración brusca puede generar mareos, sensación de inestabilidad, ansiedad intensa y, en algunos casos, pérdida del conocimiento.
Sin embargo, no todas las alteraciones del ritmo tienen la misma gravedad. Algunos latidos adelantados, conocidos como extrasístoles, pueden originarse en las aurículas (las cavidades superiores del corazón) o en los ventrículos (las cavidades inferiores).
Las extrasístoles auriculares (PAC) y las extrasístoles ventriculares (PVC) pueden sentirse como un “salto” del corazón o como un golpe diferente dentro del pecho.
Aunque suelen resultar inquietantes, en la mayoría de las personas no representan un riesgo grave ni aumentan la posibilidad de sufrir un infarto, un accidente cerebrovascular o una muerte cardíaca.

Entre las causas que pueden favorecer estos cambios en el ritmo aparecen:
Alteraciones eléctricas del corazón presentes desde el nacimiento.
Problemas en la glándula tiroides.
Cambios hormonales asociados al embarazo o la menopausia.
Consumo elevado de cafeína.
Ingesta excesiva de alcohol.
Falta de descanso, estrés sostenido o algunos trastornos del sueño.
Por eso, una de las primeras recomendaciones para quienes tienen palpitaciones es observar el contexto en el que aparecen. Registrar cuándo ocurren, cuánto duran, qué se estaba haciendo en ese momento y si existen otros síntomas puede ayudar al médico a encontrar la causa.
Si los episodios son aislados, duran pocos segundos y no afectan la vida cotidiana, muchas personas pueden convivir con ellos sin necesidad de tratamientos específicos. Pero cuando las molestias son frecuentes, generan temor o interfieren con las actividades habituales, existen alternativas médicas para controlarlas.
Qué hacer ante una aceleración repentina del corazón y cuándo consultar
Cuando aparece una taquicardia súbita, algunas maniobras pueden ayudar a disminuir temporalmente la frecuencia cardíaca. Se trata de las llamadas maniobras vagales, que estimulan el nervio vago y pueden interrumpir ciertos ritmos anormales.
Entre las opciones se encuentran realizar fuerza como si se estuviera evacuando (maniobra de Valsalva), soplar con fuerza por una pajita con un extremo tapado, compensar la presión de los oídos como ocurre durante un vuelo o aplicar frío en el rostro mediante agua fría o una ducha.
Estas medidas pueden ser útiles en algunos episodios, pero no reemplazan una evaluación médica. Si las palpitaciones son repetidas, duran varios minutos, aparecen con dolor en el pecho, falta de aire, mareos intensos o desmayos, es importante realizar una consulta profesional.

Cuando los síntomas persisten, el especialista puede indicar estudios para conocer con mayor precisión qué ocurre en el corazón. Entre ellos se encuentran electrocardiogramas, monitoreos prolongados del ritmo cardíaco y, en algunos casos, estudios electrofisiológicos.
Una de las opciones de tratamiento para determinadas arritmias es la ablación con catéter. Se trata de un procedimiento mínimamente invasivo en el que los médicos ingresan mediante catéteres desde una vena de la ingle hasta el corazón para localizar el circuito eléctrico que genera la alteración y eliminarlo mediante energía.
La recuperación suele ser rápida. En general, el paciente debe evitar conducir durante las primeras 24 horas, contar con acompañamiento ese día y limitar esfuerzos físicos, como levantar peso, durante aproximadamente una semana.
En personas mayores, una de las arritmias más frecuentes es la fibrilación auricular (FA), un trastorno en el que las aurículas laten de manera irregular. Puede provocar palpitaciones, cansancio, mareos, molestias en el pecho o incluso no generar síntomas y detectarse durante un control de rutina.

La fibrilación auricular está relacionada con factores como la apnea del sueño no tratada, alteraciones tiroideas, consumo elevado de alcohol, exceso de cafeína y cambios hormonales. En algunos casos, incluso ciertos alimentos pueden actuar como desencadenantes.
El tratamiento depende de cada paciente e incluye medicamentos para controlar la frecuencia cardíaca, fármacos para mantener un ritmo estable o procedimientos como la ablación.
Una de las principales preocupaciones en la fibrilación auricular es el riesgo de formación de coágulos dentro del corazón, que pueden viajar al cerebro y provocar un accidente cerebrovascular. Por ese motivo, muchos pacientes necesitan anticoagulantes según su nivel de riesgo.
Actualmente también existen nuevas técnicas, como la ablación por campo pulsado, una alternativa que utiliza energía no térmica para actuar sobre las células cardíacas y reducir el riesgo de afectar estructuras cercanas.









