Septiembre trae días más largos, temperaturas que comienzan a subir y mayor presencia de plantas y árboles en flor. Para algunas personas, ese cambio también significa algo menos agradable: despertarse con la nariz tapada, estornudar varias veces seguidas, sentir picazón en los ojos o pasar buena parte del día con un pañuelo en la mano.
Primavera y alergias: por qué septiembre puede aumentar los estornudos y la congestión
El polen es uno de los principales desencadenantes de las alergias estacionales, pero no todo cuadro respiratorio que aparece en septiembre es una alergia: aprender a distinguirla de un resfrío ayuda a saber cómo actuar y cuándo consultar.

La explicación puede estar en las alergias estacionales. La rinitis alérgica aparece cuando el sistema inmunitario reacciona frente a sustancias que normalmente son inofensivas, entre ellas el polen. En primavera, determinados pólenes pueden convertirse en desencadenantes de síntomas nasales y oculares.
Pero hay una pregunta frecuente que aparece cada año: ¿cómo saber si se trata de alergia o de un resfrío? Aunque ambas condiciones pueden producir estornudos, secreción y congestión nasal, existen algunas diferencias que pueden orientar.

Polen, rinitis y primavera: qué ocurre en el organismo
La rinitis alérgica es una respuesta del sistema inmunitario frente a un alérgeno. Cuando una persona sensibilizada entra en contacto con aquello que desencadena su alergia, puede comenzar una reacción que afecta principalmente las vías respiratorias superiores.
El polen es uno de los desencadenantes más conocidos. Los pólenes de distintos árboles pueden ser frecuentes al comienzo de la primavera, mientras que los del césped suelen tener mayor presencia hacia fines de la primavera y durante el verano. También existen otros desencadenantes de rinitis alérgica, como los ácaros, las esporas de hongos y la caspa de animales.
Por eso, septiembre puede convertirse en un mes particularmente incómodo para quienes tienen alergias estacionales. La aparición de síntomas puede coincidir con períodos de mayor exposición al aire libre y con la presencia de determinados pólenes en el ambiente.

Los síntomas más habituales de la rinitis alérgica incluyen:
Estornudos repetidos.
Congestión nasal.
Goteo o secreción nasal.
Picazón en la nariz, garganta o paladar.
Ojos rojos, llorosos o con picazón.
Tos en algunos casos.
Sensación de mucosidad que baja desde la nariz hacia la garganta.
Cansancio, que puede aparecer como consecuencia de los síntomas y de las dificultades para dormir.
Una de las características que puede orientar hacia una alergia es la picazón, especialmente en los ojos y la nariz. También es habitual que los síntomas aparezcan o empeoren después de la exposición al desencadenante y que se mantengan mientras esa exposición continúe.
Además, a diferencia de una infección respiratoria, la rinitis alérgica no está provocada por un virus.
¿Alergia o resfrío? Las diferencias que conviene conocer
La confusión es frecuente porque ambas condiciones comparten algunos síntomas. Tanto el resfrío como la rinitis alérgica pueden producir estornudos, congestión nasal y secreción.
Sin embargo, hay algunas pistas.
En las alergias estacionales es más habitual encontrar picazón en los ojos, lagrimeo y estornudos repetidos. La fiebre no suele formar parte del cuadro. En cambio, los resfríos pueden acompañarse de dolor o irritación de garganta, malestar general y, en algunos casos, fiebre.
También puede ayudar observar cuánto tiempo duran los síntomas. Un resfrío común suele evolucionar durante varios días y generalmente se resuelve en aproximadamente una semana, aunque algunos síntomas, como la tos, pueden permanecer más tiempo. Las alergias estacionales, en cambio, pueden prolongarse durante varias semanas mientras exista exposición al alérgeno.
Otra diferencia importante es el comienzo. En la rinitis alérgica, los síntomas pueden aparecer poco después de entrar en contacto con el desencadenante. En un resfrío, existe un período entre el contagio por el virus y la aparición de los síntomas.
De todos modos, estos datos sirven como orientación y no reemplazan una evaluación médica. Una congestión persistente, por ejemplo, puede tener distintas causas y no siempre significa alergia.

Qué hacer para reducir los síntomas de la alergia
La primera medida consiste en reducir, cuando sea posible, la exposición al desencadenante. En el caso del polen, esto puede requerir prestar atención a las condiciones ambientales y modificar algunas actividades.
En los días secos y con viento, por ejemplo, puede haber mayor dispersión de alérgenos. Una recomendación útil es evitar, en la medida de lo posible, permanecer mucho tiempo al aire libre cuando los síntomas se encuentran especialmente activos. Después de una lluvia, en cambio, el aire puede contener menos polen.
También conviene tomar algunas precauciones si se realizan tareas de jardinería. Cortar el césped, quitar malezas o manipular plantas puede aumentar la exposición a sustancias capaces de desencadenar síntomas en personas sensibles.
Los lavados o enjuagues nasales con solución salina pueden ayudar a limpiar las fosas nasales y aliviar la congestión y el goteo. Entre las alternativas de tratamiento también existen antihistamínicos y aerosoles nasales con corticoides, pero la elección depende de cada persona y de la intensidad de los síntomas.
En particular, los aerosoles nasales con corticoides se utilizan para prevenir y tratar la congestión, el picor y el goteo asociados con la rinitis alérgica. Los antihistamínicos pueden ayudar principalmente con los estornudos, la picazón y el goteo nasal.
Esto no significa que haya que automedicarse. Algunos antihistamínicos pueden producir somnolencia y determinados descongestionantes nasales no deben utilizarse durante períodos prolongados porque pueden generar congestión de rebote. Por eso, ante síntomas frecuentes, es preferible consultar a un profesional para definir cuál es el tratamiento adecuado.

Cuándo conviene consultar al médico
Una alergia puede ser molesta sin ser peligrosa, pero cuando los síntomas son persistentes o afectan la vida cotidiana conviene buscar asesoramiento.
Es recomendable consultar cuando los síntomas no mejoran, son intensos, interfieren con el descanso o las actividades habituales, o los medicamentos utilizados no producen alivio o generan efectos adversos. También es importante hacerlo si existe asma, pólipos nasales, infecciones frecuentes de los senos paranasales u otra condición que pueda verse afectada por la rinitis.
El profesional puede evaluar los síntomas, identificar posibles desencadenantes y determinar si se trata efectivamente de una alergia. Cuando es necesario, el diagnóstico puede complementarse con pruebas cutáneas o análisis de sangre para identificar la respuesta frente a determinados alérgenos.
Y hay una señal que ayuda a no confundir los cuadros: si aparecen fiebre u otros síntomas propios de una infección respiratoria, no conviene asumir automáticamente que se trata de una alergia. El Ministerio de Salud recomienda consultar si los síntomas empeoran o persisten y evitar la automedicación.
La primavera no necesariamente tiene que convertirse en una temporada de estornudos interminables. Identificar qué desencadena los síntomas, reducir la exposición cuando sea posible y consultar si las molestias persisten permite atravesar el cambio de estación con mayor bienestar y, sobre todo, evitar que una congestión o un cuadro aparentemente menor se prolongue sin un diagnóstico adecuado.









