Colón, que en ese primer tiempo se acordó que enfrente había un arco rival y demoró 36 minutos en patear (Jourdan, en modo Pumas-All Blacks), terminó sufriendo lo de siempre: jugar a nada, salir a esperar, ver qué pasa, cuándo pasa, cómo pasa. Entonces, San Telmo, que no ganaba desde el 22 de marzo en la isla Maciel, se dio cuenta que podía lastimar con poco, muy poco. Apenas con un poco de ganas, de actitud, de ir al frente, dar querer ganar. Todo ese conjunto de cosas que, hace rato, Colón perdió como el Unicornio Azul de Silvio Rodríguez.

































