"Nosotros tenemos otras prioridades, queremos que el Pulga se quede, pero hoy estamos pensando en los refuerzos que tienen que llegar al plantel". Palabras más, palabras menos, esto fue lo que dijo Vignatti. La pregunta sigue siendo la misma: ¿qué va a pasar con el Pulga?. Y los caminos, lamentablemente, conducen a una realidad que todos deben ver: es muy difícil imaginarlo con la camiseta de Colón por más que todavía le quedan seis meses de contrato. En consecuencia, ¿cuál es la solución?, negociar una salida. Y acá entra a tallar lo económico, porque Colón pretenderá un resarcimiento. Y si no, ¿es ilógico pensar en "colgarlo"?, ¿en tenerlo al margen de los planes del técnico?, ¿qué pensará Domínguez al respecto?, ¿se podrá tener a un jugador así "corriendo alrededor del campo de juego" por estar a disgusto y sin deseos de quedarse?, ¿qué hará el Pulga?, ¿se volverá a Simoca y se quedará sin jugar como ya lo dejó entrever?... La imaginación vuela. Mientras tanto, la incertidumbre tiene sus vaivenes en tratar de adivinar el futuro y, en base a ello, también tomar decisiones que tengan que ver con lo futbolístico, porque Colón pasó, en poco tiempo, de tener abundancia de delanteros a estar muy cerca de rozar con el faltante producto de lo que ha ocurrido en los últimos tiempos con Viatri (se fue), Brian Fernández (en proceso de recuperación por su problema de salud ya conocido), Morelo (al menos en las tres o cuatro primeras fechas no se lo podrá contar) y esto de Luis Miguel Rodríguez, que viene de ser el goleador del equipo.


































