Si un jugador se hizo ídolo en estos últimos tiempos de la gente de Unión en un puñado de partidos, con corridas imparables y goles inolvidables en pocos meses, ése sin dudas es Gastón González. Como se le decía en años anteriores, un auténtico "levanta-tribunas" con desbordes, gambetas, remates. Un pibe humilde, de familia peleadora y de barrio popular. Un día, con la excusa de la MLS, el tren de la fama le paró en la puerta. Nunca se la creyó. Todo lo contrario: siguió más humilde que nunca.




































