Se iba el partido. Los seis minutos de descuento parecieron algo exagerados. Matías Suárez, que había entrado un rato antes, puso la cabeza en una jugada que dejó dudas y motivó largas protestas de los jugadores de Unión. Se revisó varios minutos, lo cual habla a las claras de que la jugada no fue lo suficientemente limpia. Unión ya saboreaba una victoria con mucho de épica. Porque lo dejaba solo en la punta. Y porque se daba en el marco de una jornada con rumores de alejamiento de parte del entrenador y esta inhibición que tiene a maltraer a todos e impide que Unión pueda incorporar jugadores. Estalló por segunda vez el barrio Alberdi cuando se convalidó el gol del empate, mientras que Herrera repartía tarjeta roja a los auxiliares del Kily. El final dejó ese sabor amargo de algo que se escapó en el mismo final.


































