En una suerte de acto simbólico en la vía pública, un concejal de la ciudad capital pegó una carta abierta con su firma y la de varios adherentes sobre los carteles publicitarios del ingreso de una “caries urbana” ubicada en pleno centro, Suipacha y 9 de Julio. También se repartieron panfletos. La misiva estaba dirigida a los propietarios de esa locación.
Una carta abierta y el insólito caso de una caries urbana cuyos dueños deben $26 millones de TGI
Es una obra paralizada hace 32 años: está Suipacha y 9 de Julio. Un concejal realizó un acto simbólico donde pegó una carta dirigida a los propietarios, habló del perjuicio a los vecinos colindantes y al Estado: “Hoy decimos basta”, declaró.

Se trata de una obra en altura de una decena de pisos que quedó paralizada en 1994, es decir, hace 32 años. Nunca se retomaron los trabajos y ahí quedó, como detenida en el tiempo, toda pintarrajeada en sus balcones, con el olor nauseabundo de las heces de los cientos de palomas que hicieron nidos en su interior.

“Esta caries urbana frenó la construcción de viviendas, comprometió la seguridad de la zona y afectó la higiene de la cuadra. Acá podrían vivir familias, abrir comercios o espacios de recreación”, dice un fragmento de la carta abierta. Lo derruido y sombrío del lugar contrasta con la modernidad a su alrededor, con el tránsito incesante.
Deuda
“Los propietarios de este inmueble deben $26 millones de TGI al Estado Municipal”, dijo a la prensa el concejal que impulsa esta suerte de “cruzada” contra las caries urbanas en Santa Fe, Lucas Simoniello. Como contó El Litoral días atrás, en la actualidad están reportados 383 inmuebles en estado de abandono en todo el ejido urbano.

Por definición una carie urbana es, justamente, un inmueble que, por distintos motivos -judiciales, inmobiliarios, etcétera- quedaron en estado de abandono. Y el abandono de una casa o edificio, como este caso, genera permanentes problemas para los vecinos que viven en las inmediaciones.
Es que allí se acumula agua (Aedes Aegypti), yuyos y basura; se generan nidos de ratas y otras alimañas. También pueden servir como lugares eventuales de escondite para los delincuentes.
Tres décadas después...
“Sabemos que existió un proceso judicial complejo contra la EPE. Eso explica una parte importantísima de la paralización y los conflictos tanto de quienes comenzaron la construcción como de posibles adquirentes que vieron truncado sus proyectos de tener el Edificio Sol III", prosigue la carta abierta de Simoniello y su equipo.

Pero después de 32 años, “no puede justificarse que la situación se prolongue indefinidamente. Llegó el momento de dar el siguiente paso: terminar el edificio, ponerlo en condiciones y devolverlo a la vida urbana”, agregó, exhortando a encontrar una solución a esta situación traumática para los vecinos colindantes.
Una opción podría ser “que el edificio cuente con el final de obra, teniendo siempre en cuenta el proyecto inicial y que está en gran parte construido; y que, lógicamente, se garanticen las condiciones esenciales de seguridad y habitabilidad”, añadió la misiva.

“Estoy dispuesto a impulsar la condonación de las deudas municipales que sea necesaria pero, como contrapartida, que exista un compromiso concreto de terminar y poner en uso el edificio en lo inmediato. Pero más importante que cobrar una deuda acumulada es resolver definitivamente esta caries urbana”, enfatizó.
Luego Simoniello convocó a los vecinos a presentar públicamente un plan para la recuperación del inmueble, que sirva para definir cuál es su situación jurídica actual, qué obstáculos quedan pendientes, qué obras son necesarias y en qué plazos podrían realizarse.
“Basta”
“Hartos ya de las promesas incumplidas, hemos venido a hacer pública esta carta para tratar de acercar los problemas que puedan llegar a tener los propietarios, que tuvieron un juicio millonario en el ‘94, con los de los vecinos que padecen a diario esta caries urbana”, declaró el concejal de “Unidos”.

“Esto es una forma de decir ‘basta’ a esta caries urbana, pero de una forma propositiva”, aclaró luego.
Es que el inmueble abandonado es “un ejemplo perfecto de lo que todo lo que podríamos ser como sociedad y no somos. Aquí podrían haber residencias para estudiantes, por ejemplo; pero hay nidos de ratas. Los propietarios están identificados. No obstante, estamos a disposición para evaluar todas las opciones y resolver esto”.

Simoniello insistió en que él y su equipo están también dispuestos a acompañar a que quien termine la edificación tenga el final de obra. “Un final de obra trae obreros trabajando, inquilinos viviendo, comercios habilitados. Queremos una ciudad sin caries urbanas, y este inmueble, que es el emblema del abandono, se reintegre en la vida de la ciudad”.
Problemas
-¿Qué reclamos concretos ha recibido de los vecinos colindantes a esta caries urbana?, le consultó El Litoral.
-Algunos han tenido que cerrar sus establecimientos, porque manipulaban alimentos pero con ratas alrededor, que provenían de esta caries. Además, este edificio se ha convertido en un “palomar potenciado” -comparó-. La nuestra es una propuesta de un punto y aparte para dar vuelta a la página, solucionar el problema y mirar al futuro.

Necesitamos que en estos espacios haya vida cultural, comercial, que haya gente viviendo, gente trabajando. Porque cuando este espacio tenga vida urbana, que deje de ser un aguantadero de delincuentes, todo el barrio mejoraría, no sólo la cuadra -cerró Simoniello.
Una ordenanza clave
Luego aludió a la ordenanza N° 13.133, que extrema las sanciones sobre los dueños de estas locaciones y da más facultades al Estado Municipal para actuar (desmalezar, sanear, con los costos a cargo de los titulares dominiales del inmueble, previa autorización judicial.
“Tenemos más dengue dentro de estos lugares que en los que queremos descacharrar. El Estado local, con autorización judicial, puede ingresar y limpiarlo, pero cobrándole el costo del servicio al dueño, que es el que tiene la responsabilidad de hacerlo”, explicó el edil santafesino.

“Basta de un ‘Estado bobo’ que ‘junte papelitos’ -manifestó después-. ¿Cómo puede ser que haya 40 inmuebles en estas condiciones que deban más de 400 millones de pesos de TGI? Por eso venimos a decir basta, pero desde una mirada propositiva y pensando en una ciudad de cara al futuro”, enfatizó.
Para el edil, debe haber un liderazgo más fuerte para atacar las caries urbanas. “Los espacios como el ex El Molino Franchino, La Belgrano, La Redonda, se reinsertaron en la vida urbana. Bueno, queremos que lugares como este edificio abandonado se conviertan en la posibilidad de viviendas, de trabajo, y que los barrios vivan mejor”, cerró.











